Por Danilo Contreras

En el portal “Médicosypacientes.com” de la Organización médica colegial de España, en fecha 25 de noviembre de 2020, el enviado especial para la Covid de la OMS, David Nabarro, alertaba de una tercera ola en 2021 y reprochaba de los países europeos no haber actuado en el verano como lo hicieron naciones asiáticas como Corea del Sur o Taiwán a efectos de controlar la pandemia.

En Colombia, la revista Semana tituló así el 2 de marzo: “Tercera ola de coronavirus en Colombia: Expertos advierten que será en Semana Santa”. Todo anunciaba lo que sucedería. También en Cartagena lo sabíamos, incluso los meros ciudadanos.

Sin embargo, por esos días y a contrapelo de las advertencias, el alcalde Dau declaraba ante los medios masivos de nivel nacional y local: “Vengan a Cartagena a pasar Semana Santa”, pese a que Barranquilla y Santa Marta adoptaban severas medidas de restricción para la misma temporada de descanso.

La ciudad ha empezado a escalar la tenebrosa pendiente del tercer pico. Según el portal Revista Metro, a 19 de abril se habían reportado en esta localidad 4.369 nuevos casos y 49 decesos por Covid. Entre tanto, según reportes del Instituto Nacional de Salud, las tomas de muestras en Cartagena han sido irregulares y escasas. Así el 12 de abril se reportan 1.258 muestras, el 13 fueron 999, el 14 se realizaron 868, el 15 fueron 91, mientras que el 16 se hicieron solo 14 pruebas. No hay que ser experto para colegir que entre menos pruebas son menos los contagiados y menos las muertes reportadas. Aún así, las cifras de fallecimientos y contagiados son alarmantes.       

Ayer no más (ya para que, dirán algunos) el señor alcalde anunciaba la “actualización” de medidas de restricción afirmando qué por cuenta de los buenos guarismo de la ciudad en el manejo de la pandemia, el toque de queda será de 10 p.m. a 5 a.m., con excepción de eventos y bodas registrados en la Alcaldía a los cuales se les aplicará el toque de queda de 1 a.m. a 5 a.m.; “esto con el fin de no afectar el sector turístico hacia futuro”, puntualizó el burgomaestre en uno de sus mensajes en redes. Nada nuevo: La economía por encima de la vida y la salud. Así se hizo antes de la Semana Santa cuando efusivamente se invito a venir a rumbear en la ciudad.

En contraste, las estrategias de rastreo y aislamientos que acreditan la clave del éxito de países que han logrado controlar la pandemia como Nueva Zelanda, Islandia, Corea o Taiwán, son algo exótico en esta ciudad heroica, pese a los peregrinos anuncios del Dadis al inicio de la peste.

No me atrevo a lanzar un juicio definitivo del grado de responsabilidad que podría endilgarse al alcalde Dau, pero sin duda la tiene. Por lo pronto me planteo tres hipótesis: La primera tiene que ver con la denominada culpa con representación que alude a la responsabilidad penal de quien realiza una acción, es consciente del peligro de la misma y de su potencialidad dañina, pero confía en poder evitar el daño. La segunda es el dolo eventual que se presenta cuando el autor NO descarta la posibilidad de que se pueda producir un daño que no se ha propuesto inicialmente, pero aún así acomete la conducta reprochable. No olvido una frase de Dau al comienzo de la pandemia y que quizás la historia reseñará: “Caerán como moscas”.

La tercera tesis (esta si confirmada) es que Dau no se comporta, conforme el símil de que trata el artículo 63 del código civil colombiano como un “buen padre de familia” pues no administra la ciudad con “la diligencia y cuidado que los hombres emplean ordinariamente en sus negocios propios”. El desgreño es rampante en todos los órdenes, mucho más irresponsable en materia de salud pública. 

Descreo de las autoridades que tendrían que poner orden al proceder del alcalde y por eso deposito mi esperanza, conforme le leí en un “post” de Facebook a una amiga, en que un día alguien cuente una historia, “la historia de estos días” aciagos. Por lo pronto la confusión y la sinrazón pretenden imponerse. 

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