Por: Adolfo Pérez Fonseca (*)
Este 8 de abril, mientras la ciudad comenzaba su rutina, en un rincón de Cartagena se tejía una historia de sensibilidad, compromiso y respeto por la vida. Más de 150 gatos que vivían en condiciones precarias debajo del puente de Napoleón Perea comenzaron un nuevo capítulo gracias a un operativo liderado por la UMATA Distrital, con el respaldo decidido de la Alcaldía de Cartagena y el acompañamiento activo de la Gobernación de Bolívar.
Allí, en ese espacio improvisado, estos animales habían encontrado refugio, pero no bienestar. Vivían hacinados, sin las condiciones necesarias para expresarse, alimentarse adecuadamente o recibir atención veterinaria. Lo que para muchos era solo un punto olvidado en la ciudad, para ellos era su mundo. Hoy, gracias a la intervención de estas entidades, ese mundo está cambiando.
Desde las 4 de la mañana, un equipo conformado por veterinarios, técnicos, voluntarios y personal de apoyo de la UMATA y otras dependencias, puso en marcha un operativo planeado con detalle. Se eligió este horario para evitar el calor extremo de abril, pensando en la salud de los gatos, que son animales sensibles al estrés y a las altas temperaturas.
Uno a uno, los felinos fueron retirados con cuidado, valorados, contados e ingresados a unidades móviles para ser trasladados a un lugar donde tendrán una segunda oportunidad. Allí, recibirán atención veterinaria, alimento, agua limpia y, sobre todo, espacio y dignidad. Porque sí, incluso un gato merece vivir con dignidad.
Otro de los aspectos más importantes de esta acción fue la claridad con la que se desmintieron rumores sobre una posible eutanasia masiva. Nada más lejos de la realidad. Desde la UMATA se ha sido contundente: no habrá eutanasia. Todos los animales serán valorados clínicamente, y aquellos que estén enfermos serán tratados y puestos en cuarentena, siguiendo todos los protocolos médicos necesarios. La vida, en todas sus formas, está siendo protegida.
La Alcaldía de Cartagena, la Gobernación de Bolívar y la UMATA Distrital han mostrado que el bienestar animal no es un asunto secundario, sino parte integral de una ciudad y un departamento más humanos. Además, se ha abierto un canal de trabajo conjunto con organizaciones como Ciudad de Esperanza, que han estado comprometidas desde hace años con el cuidado de estos animales. Se les ha garantizado transparencia, acompañamiento y seguimiento en todo el proceso.
Este no fue solo un rescate. Fue una declaración de principios. Fue decir que sí importa cómo viven los más vulnerables. Fue recordarnos que el desarrollo no se mide solo en obras, sino también en actos de compasión y responsabilidad.
Hoy Cartagena y Bolívar dieron un ejemplo. Hoy se salvó algo más que gatos: se rescató el valor de la vida, el poder de lo colectivo y la fuerza de un Estado que cuida. Ojalá esto sea solo el comienzo de muchas acciones que nos hagan sentir orgullosos de la ciudad y el departamento que estamos construyendo.
(*) Director de la Umata – Cartagena

