Los turbaqueros han sido claros: están conminando a la bancada bolivarense se plante firme ante el Gobierno Nacional y exija el retiro definitivo del peaje que por años ha golpeado su economía y su movilidad. Las voces ciudadanas reclaman coherencia y acción inmediata, no más promesas ni estudios interminables. La comunidad espera que sus representantes asuman el liderazgo político que se necesita para desmontar una estructura que consideran injusta y desproporcionada.
Este llamado no es solo una petición local, sino un grito regional de dignidad. Turbaco se ha convertido en símbolo de resistencia frente a las decisiones centralizadas que afectan a los municipios del departamento de Bolívar. La bancada tiene la oportunidad de responder con hechos, de demostrar que la política puede ser aliada del pueblo y no espectadora de su inconformidad. Si logran actuar unidos y con determinación, podrían convertir esta causa en el primer triunfo tangible de su gestión y en un mensaje poderoso de justicia territorial para todo Bolívar.
Los turbaqueros han sido enfáticos al señalar que anhelan que sus representantes actúen como bloque sólido y den el primer golpe de confianza: resolver el peaje de Turbaco. No hacerlo sería perpetuar un problema que desgasta la credibilidad y la paciencia de la región. La bancada recién elegida tiene la oportunidad de marcar un precedente nacional. El reloj ya empezó a correr, y la gente espera hechos, no excusas.
La bancada bolivarense tiene ante sí la oportunidad de redefinir la relación entre el Estado y las comunidades. Su papel no puede limitarse a la gestión de recursos o a la presencia en debates nacionales: debe convertirse en voz activa de los territorios olvidados, en puente entre las necesidades locales y las decisiones del Congreso. Cada acción que emprendan será observada con lupa por una ciudadanía que ya no tolera la indiferencia ni la lentitud institucional.
Además, el caso del peaje de Turbaco puede ser el punto de partida para una agenda más amplia de justicia territorial y equidad en infraestructura. Resolverlo no solo aliviaría el bolsillo de miles de familias, sino que enviaría un mensaje contundente sobre la capacidad de la bancada para transformar realidades. Si logran articularse con los gobiernos locales y nacionales, podrían convertir este reto en el primer gran logro de su mandato y en símbolo de una nueva forma de hacer política en Bolívar. Arranquemos por favor por los turbaqueros que le plantean a la bancada bolivarense que se paren firme ante el peaje de Turbaco para retirarlo
