Las tragedias en el Mar Caribe ocurren regularmente para la misma época. Los comienzos de año se han convertido en el portador de malas noticias para las familias de aquellos pescadores que anhelan arrancar con una bendición luego de la resaca y la escasez que dejan las fiestas de fin de año. Se hacen al mar desde muy temprano enfrentando entonces fuertes corrientes y brisas que se transforman en los fenómenos que de un momento a otro alteran la tranquilidad en el mar.

Cuando ya se cumplen hoy ocho días de la búsqueda de cuatro pescadores desaparecidos en el Mar Caribe a la memoria viene la tragedia ocurrida hace cuatro años cuando desaparecieron cinco nativos de la isla de Tierrabomba quienes pretendían comenzar sus jornadas de pesca desde muy temprano.

Las autoridades marítimas nunca lograron dar con Reynaldo Reales, Carmelo Salcedo y su hijo Argel, Emilio Herrera y René Fernández, todos ellos eran pescadores expertos y conocedores del mar. Las infructuosas labores de búsqueda de estas personas se extendieron por más de dos meses.

Aún en la isla estos cinco pescadores son recordados como personas de bien que se ganaban la vida con esfuerzo. Los trabajos se extendieron por mar y aire. Helicópteros y aviones patrulleros marítimos, buques de Superficie y Unidades de Guardacostas, así como todos los medios técnicos y operacionales de la Armada Nacional, se activaron entonces para intentar dar con el paradero de los cinco pescadores.

Las escenas parecen repetirse. El respeto por el mar debería ser una constante para quienes viven de la escama; sin embargo, más puede la necesidad y ese deseo por desafiarlo, dando paso a esas tragedias cargadas de dolor, de impotencia y rabia. El mar se los lleva y todos mueren en su ley.

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