Por: Danilo Contreras Guzmán

El titulo de esta nota no es fortuito. Por el contrario, es la metáfora adecuada para recoger la frase, que con la franqueza que le ha conocido el país, lanzó ayer Gustavo Bolívar, quien en su discurso de cierre de campaña dijo textualmente: “Me encargaré de recoger los pedazos que quedan rotos del Pacto Histórico y volver a ser la primera fuerza política de Colombia”. Y agregó que recorrerá el país para conocer los malestares que quedan después de los comicios de ayer.

Se que pocos, o quizás ningún dirigente de Pacto Histórico en Cartagena y Bolívar se atreverá a emprender la engorrosa tarea abrir un ejercicio de reflexión crítica sobre lo acontecido y, seguramente dirán que los trapos sucios se lavan en casa.

En mi caso, que durante los últimos años me he inscrito como militante de uno de los partidos que conforman la coalición Pacto Histórico, pero que desde hace años he votado a proyectos progresistas y particularmente a Gustavo Petro sin pedir permiso a nadie, me siento con el deber político y ético de plantear ese debate en la región y proyectarlo desde nuestro enfoque territorial a la nación. Espero hacerlo de la manera más mesurada posible.

Empecemos.

Hace unos meses, más exactamente, en julio de los corrientes escribí una reflexión en la que advertía que no había conocido un partido que intentará suicidio como lo hizo en ese momento la dirigencia del Pacto a nivel nacional, al negar avales a su lideres regionales para aspirar a cargos y corporaciones en representación de nuestra fuerza política. Y lo exprese de esa manera, a ver si algún dirigente de la colectividad en el nivel territorial o nacional escuchaba ese grito lastimero y cuando menos lograr que el partido se abstuviera de volver a intentar suicidio.

Todo indica que nadie escucho nuestro solitario clamor y la dirigencia del Pacto Histórico parece insistir en el suicidio político si consideramos los guarismos de ayer con una mínima objetividad.

La decisión de negar avales a nuestra dirigencia local y departamental fue un duro golpe a las esperanzas de cientos de dirigentes que ayudaron a construir nuestra fuerza política y seguían dispuestos a sacar, incluso debajo de las piedras, los votos que nos hicieran ganar el poder en las regiones. El resultado ante la displicencia y la arrogancia de la dirigencia nacional y algunos directivos territoriales que solo cumplen ordenes recibidas en Bogotá, ha sido la decepción y la dispersión de muchos de nuestros compañeros y compañeras que recurrieron a avales de las más disimiles agrupaciones políticas, ante el desplante de sus directivos en la fría capital. No contentos con lo anterior, desde Bogotá se propusieron obstaculizar de la peor manera la aspiración del concejal Javier Julio

Bejarano, que a pulso se había ganado el respaldo mayoritario del directorio Distrital del Pacto. Y lo hicieron porque caprichosamente concebían que el aval debía ser para otros candidatos.

Afortunadamente, Javier Julio Bejarano se sobrepuso y logró, pese a no contar con el apoyo irrestricto de algunos dirigentes del Pacto Histórico, obtener la segunda votación a la alcaldía y mantener su curul como concejal. No hay que ser brujo para entender que si el candidato hubiese contado con listas a corporaciones públicas que lo acompañarán, la lucha habría sido a otro precio.

Más grave aún, personalmente recibí de una dirigente del Pacto, un whatsapp que me confirmó algunos nefastos rumores. Esa persona me invitaba a votar por Yamil Arana a la Gobernación de Bolívar, tal vez haciendo realidad ese embeleco politiquero del tal “frente amplio” que solo ha servido para hacer alianzas deleznables. Mi respuesta fue el rechazo contundente a tal invitación, pues si algo me ha motivado como ciudadano común a votar al proyecto progresista es constituir una fuerza social y política multitudinaria que enfrente el saqueo y las tramoyas de los viejos clanes políticos regionales y nacionales. No se si la fracción que representa la persona que me remitió aquella lamentable invitación, festejo ayer por el triunfo de “Yamilito”, como lo hacen hoy muchos que lo anuncian de manera rimbombante como el más joven y votado gobernador de la historia de esta región, como si no supiéramos de donde ha salido la millonada con la que se eligió el nuevo gobernador. Victoria pírrica y ruidosa, que como decía Borges, carece de la dignidad de ciertas derrotas.

A mi me parece que mucha dirigencia del Pacto Histórico a nivel nacional, y desde luego local, no ha entendido la trascendencia de las esperanzas que se levantaron con el triunfo de las listas a Congreso y la Presidencia de la República, entre los ciudadanos libre e independientes y las organizaciones sociales que ayudaron a construir ese triunfo. Al respecto le escuche decir en una conferencia a Pablo Iglesias, el dirigente español de la formación Podemos, que la política está, y va más allá de los partidos, pues trasciende a los más diversos tejidos de la sociedad que constituyen la cultura política y la idiosincrasia del pueblo.

No entendieron que, como lo dijo el mismo Gustavo Petro en reiteradas oportunidades en la campaña, la etiqueta de “izquierda” es hoy un anacronismo sectario, pues la modernidad impone otra idea de las organizaciones que se debaten en el marco de los conflictos sociales del mundo. Y esto es importante porque ni Petro ni los congresistas que ayudamos a elegir en listas cerradas impuesta nacionalmente, tuviesen hoy sus investiduras sin el voto de gente independiente que quiere cambios en el silencio de sus vidas cotidianas.

El censo de cultura política del Dane de 2021 muestra que el 44.3% de la gente en Colombia se considera de centro, el 17.9 de derechas y el 14 % de izquierdas. Sin embargo, la política que han puesto a andar los dirigentes nacionales del Pacto consiste en atrincherarse en el sectarismo y los viejos dogmas, mientras por debajo de la mesa pactan con lo peor de los clanes políticos tradicionales. A esa acción política no fue a la que votaron, por ejemplo, mis hijos en 2.022, que ahora viven en Bogotá, y que me mandaron al cipote cuando los invite a votar por Gustavo Bolívar. Hasta esos voticos los he perdido y mi argumentación no fue suficiente frente a las pifias políticas que son demasiado evidentes.

Sigo creyendo en las banderas y las reformas que propuso el Presidente Gustavo Petro en campaña, entiendo las dificultades políticas que implica transformar una idiosincrasia nacional retrograda que permitió que el país permaneciera anestesiado por lustros frente a un Estado que fue convertido en un verdadero Leviatán que devoraba a sus ciudadanos matándolos con armas oficiales; empero, tales dificultades no justifican la displicencia, el vicio de centralismo y las malas prácticas políticas que han llevado a buena parte de la nación a entregarse de nuevo mayoritariamente en los brazos delincuenciales de la vieja política. Así no haremos los cambios.

Ahora la penitencia es doble, ganaron las fuerzas reaccionarias del país y las reformas que cursan en el congreso siguen en vilo.

Ojalá no le toque al gobierno seguir entregando puestos y presupuestos para saciar al Leviatán del viejo régimen que esta vivito y coleando, como sucedió en Cartagena con el Bienestar Familiar, que siguió en manos de los traficantes de la comida de los niños con la que obtienen curules en corporaciones públicas.

Un amigo académico veterano, cuyo nombre me reservo, me comento en términos muy cartageneros frente a la actitud de algunos dirigentes locales que intentaron socavar la candidatura de Javier Julio Bejarano, lo siguiente: “Oye Danilo porque no salen de ese poco de gente “joperica” que le están haciendo el cajón al candidato Javier Julio Bejarano?”. Bueno, eso están pensando muchos, pero yo preferiría que quienes han caído en la trampa de la politiquería, se sacarán por ellos mismos y jalándose por las orejas.

Yo estoy dispuesto a recoger el desafío que ha planteado Gustavo Bolívar, a quien reconozco como un hombre franco y coherente, en el sentido de seguir luchando para que las Ideas Progresistas se consoliden para el bien de la justicia social, la convivencia y la lucha contra el cambio climático en el país. Gustavo Bolívar, la vajilla no esta rota del todo y hay que recuperarla por el bien de la nación. Eso esperamos muchos.

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