Un video de cámara de seguridad encendió la controversia en Cartagena y puso bajo la lupa al veedor Sebastián Blanco, joven activista identificado en redes como simpatizante del Pacto Histórico. En las imágenes, grabadas en el Parque Centenario, se le observa conversando con un librero y, al parecer, entregándole dinero justo antes de que ese mismo testimonio apareciera en redes como parte de una denuncia sobre el estado de los módulos del parque.
La escena ha desatado un debate que va más allá del gesto: ¿fue una ayuda económica o una transacción para alimentar una narrativa política? Blanco había publicado días antes un video señalando daños y filtraciones en los puestos recién renovados, pero la administración del parque sostiene que esas imágenes corresponden a meses atrás, durante una temporada de lluvias.
La discusión se ha tornado más intensa porque el joven activista ha mostrado públicamente su respaldo a Iván Cepeda, al Pacto Histórico y al candidato a la alcaldía por esta colectividad, Fernando Niño, lo que ha llevado a algunos sectores a cuestionar el trasfondo de sus publicaciones.
Lo que está claro es que la crítica ciudadana es necesaria, pero cuando las denuncias se apoyan en material descontextualizado o en escenas que generan dudas sobre su origen, el control social se convierte en un terreno que pierde total credibilidad. El debate está servido entre la transparencia de la denuncia o simples estrategias políticas disfrazadas.
