Por: Rubén David Salas Arias

El pasado 19 de junio de 2022 los colombianos decidimos en democracia por innumerables sentimientos, de los cuales se podían destacar: la esperanza y el miedo. No es extraño que el populismo tuviese tanto éxito en las pasadas elecciones porque la sociedad colombiana siente y esperaba un espacio para expresarse, en especial con la alta dinámica moderna que termina reprimiendo el sentir u obviándolo en favor de cosas “más productivas”, olvidando que somos los seres vivos los que conformamos las sociedades y tenemos tanto por expresar tanto a nivel individual como grupal.

La expresividad grupal en un marco democrático en Colombia surge de un hecho simple y es que el país ha pasado por múltiples situaciones de violencia en su historia. Hechos que no parecen disminuir significativamente a pesar de los acuerdos y los esfuerzos por ofertar orden público. De ahí que, el miedo tome el protagonismo en el conflicto, porque nadie quiere pasar por situaciones que propicien enfrentamientos y mucho menos por los horrores de las confrontaciones. Luego de esa formación a los golpes quedan seres temerosos de cualquier acción dirigida hacia ellos, por lo que lo diferente recibe reticencia, en especial cuando puede atentar contra lo poco que ha sido alcanzado.

En algunas ocasiones surgen espacios en los que se agitan las cadenas como pudo suceder con la lectura de la esperanza, la cual se despojó del miedo por una promesa de cambio, porque reconoce que las cosas no están bien y de manera optimista construye nuevos mundos (unos cada vez mejores que los anteriores). Sin embargo, siempre se encuentra la posibilidad de la lectura del miedo que está formada por la desconfianza. Esto no es algo malo o que se debe censurar, dado que es un sentimiento que creció como medio adaptación del colombiano, en especial porque no hemos tenido una sociedad en Paz.

Aquí surge un gran termino regulador de las relaciones sociales que debe ser construido entre todos para superar los miedos de los otros y por los otros. En esa línea, deben realizarse grandes reformas pese a que han estado en el tintero por muchos años a la espera de una gobernabilidad que las promueva. Parece que esa oportunidad está llegando y es importante hacer los cambios de una manera objetiva, sensata y responsable, reconociendo los avances y trabajando en mejorar lo que así lo requiera, para mantener ese sentimiento de esperanza y desdibujar el miedo.

En la tarea de la conquista de los miedos de los otros, que debe ser la piedra angular del nuevo gobierno que tomó las banderas de la esperanza y estuvo en capacidad de leer ese sentimiento en la sociedad colombiana, es fundamental lograr ese progreso como nación con una comunicación transparente y asertiva que fomente la confianza en las instituciones, en la política como eje transformador de la vida en sociedad y, especialmente, anime la familiaridad entre las regiones y sus habitantes, aquellos que conformamos a Colombia y la queremos ver crecer.

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