Por Danilo Contreras
Suelo cometer el atrevimiento de recurrir a autores y corrientes de pensamiento filosófico, siendo un lego en esos oficios, para tratar de entender y explicar algunas situaciones cotidianas y otras de carácter político. Entiendo que incurro en un anacronismo pues muchos amigos y amigas me señalan que recurrir a ese expediente está pasado de moda, considerando que modernamente la gente es “muy visual”, me dicen, y por eso prefieren un tik tok a leer estas cosas que se le ocurren a uno.
Sin embargo no he podido liberarme del atavismo de intentar, al menos, pensar siguiendo a los filósofos, ya que, por el contrario, me gusta cometer esa temeridad.
Un episodio de estos días me incitó una reflexión acerca de las trampas que se encuentran tendidas por doquier en la actividad política, y la manera como el lenguaje puede propiciar caer en ellas.
La vicepresidenta (e) del Partido Colombia Humana, nada más y nada menos que el Partido del presidente Gustavo Petro, ofreció una declaración a medios de comunicación en visita reciente a la ciudad de Santa Marta, en la que, al parecer, intentando superar diferencias entre la colectividad de la cual es dignataria, y la formación política del gobernador Carlos Caicedo, lanzó una frase que levantó polvareda entre enemigos y amigos de la causa del Partido del primer mandatario. Palabras más palabras menos, la profesora Carmen Anachury dijo: “El que tiene la chequera tiene el poder”, pero a renglón seguido invitaba a los militantes de su Partido a tratar de acercarse al gobernador del Magdalena para acceder a los programas impulsados desde la entidad territorial que dirige, y trabajar por la unidad. Ahí fue troya!
Tanto personas cercanas a las ideologías de izquierda, como los declarados y solapados enemigos del Partido Colombia Humana y de la seño Carmen, no ahorraron en ataques, algunos razonables, conforme lo explicaré, y otros definitivamente descomedidos y hasta vulgares. La situación no ha sido desaprovechada por medios locales para alimentar una matriz de información que sin duda persigue desacreditar al Pacto Histórico y las organizaciones que lo componen para, quizás, favorecer la permanencia de las viejas castas políticas en los puestos de gobierno, de las cuales dependen en buena medida su subsistencia.
Sin embargo, no cabe duda que la frase reseñada arriba da para la polémica. Recordé entonces algunos conceptos elaborados por el filósofo Ludwig Wittgenstein acerca del lenguaje como fórmula de expresión del pensamiento y la realidad.
Wittgenstein afirma que el lenguaje nos da la medida de nuestro mundo, en tanto que lo que no podemos expresar a través de una proporción lingüística, escapa de nuestra realidad. Al respecto veía el otro día un documental en el que se afirmaba que no apreciaban igual un campo florecido, un mero ciudadano, que, verbigracia, un biólogo o un botánico, pues mientras el primero puede sentir el placer de la simple observación de la pradera y los colores de las flores, al segundo lo embarga la sensación de apreciar las particularidades biodiversas de las plantas y los insectos, en una complacencia más intelectual, y esto le sucede pues tiene el conocimiento de un lenguaje especializado que le permite comprender fenómenos y acontecimientos que a un ignorante de la ciencia le es imposible apreciar.
El pensador citado afirma además que las palabras adquieren significado por cuenta del uso común que suele darse a las mismas, y es aquí donde ha podido estar la pifia de un comentario como el de la seño Carmen: El uso del término “chequera”, pues este tiene una ordinaria connotación que alude a lo mercantil, siendo que, atendiendo al talante y valores que ha acreditado Carmen Anachury en su comprometida acción política, resulta impensable que haya querido invitar al ejercicio de lo público como una mera transacción comercial. Nada más alejado de la realidad.
Lo que entiendo es que el inadecuado uso del término “chequera” alude al presupuesto público que es, sin duda, la herramienta fundamental para ejecutar políticas públicas que deben estar dirigidas única y exclusivamente a la satisfacción de necesidades generales, al tiempo que su invitación a la militancia de Colombia Humana en el Magdalena era para tratar de incidir en el gobierno actual de esa región para lograr la atención ampliada de sectores que podían estar siendo desconocidos en la implementación de programas oficiales, y más allá de eso, sugerir la necesidad de fortalecer la idea de la unidad por encima de celos partidistas, lo cual es razonable considerando la cercanía ideológica que tienen Gustavo Petro y Carlos Caicedo, quienes han emulado democráticamente en reciente consulta interpartidista, y pocos dudan que la fuerza ciudadana que lidera Caicedo voto al actual presidente.
La ausencia de un análisis como este que proponemos, llenó de inquietudes a no pocos conciudadan@s que sin duda comparten con Anachury la causa de derrotar a las viejas castas de la política, celosos del propósito de anteponer las ideas y las buenas prácticas sobre las “chequeras” o las “tulas” que suelen ser la herramienta exclusiva de la politiquería para prevalecer.
Ese inadecuado juego del lenguaje en el que incurrió la seño Carmen Anachury al utilizar un término que es propio de una jerga mercantil y que en el terreno de la política tiene una mala significación por cuenta de los usos que se le dan al término, ha sido aprovechado por ciertos medios que no ahorran esfuerzo para intentar sumergir en el mismo pantano a las fuerzas del cambio que representa el Pacto Histórico, con las huestes de la política tradicional que debemos superar. Esa es la matriz mediática de la información de los grandes noticieros y prensa nacionales que atienden a privilegios que no son bien conocidos por la gran masa de la opinión, pero que en buena medida determinan los ataques, justificados o no, que se hacen al gobierno y a las formaciones políticas que le acompañan.
Entendido lo anterior, me parece que siguiendo cierta tendencia al sectarismo que ha reinado históricamente en las izquierdas colombianas, much@s conciudadan@s que profesan con gran pundonor el propósito de las transformaciones políticas, sociales y económicas, caen en la trampa de los medios que fulminan a Anachury, sin que se permita asentar la reflexión acerca de las verdaderas intenciones de la declaración de la compañera.
El sino de los tiempos de la cuarta revolución industrial es la profusión de información que fluye por cantidades y marcha veloz, sin dejar espacio al análisis.
Así las cosas dejo vertida mi opinión sobre la necesidad de estimular la deliberación en los partidos pero sin que esto pueda convertirse en sectarismo o lo que ahora llaman “fuego amigo”, pues el Pacto Histórico en Bolívar y Cartagena tiene suficiente con los francotiradores mediáticos que no quieren ver los cambios, pues están cómodos con los modelos de la política actual que es preciso derrotar.

