Por Rubén Rodríguez

Si existe un término manío y del que están cansados los provincianos cartageneros de bien es este: las fuerzas vivas. Con este se pretende decir mucho sin decir nada. Y lo que más preocupa es que por esta época electoral es cuando más suelen utilizarlo atribuyéndose el respaldo de las tales Fuerzas Vivas, no entendiendo que el alcalde William Dau las ha ido acabando una a una. Cicerón decía: ningún hombre sabio pensó jamás que un traidor podía ser confiado.

En medio de esta crisis que afronta en la ciudad más insegura de Colombia, está claro que el alcalde mayor de la ciudad le ‘robó’ o cercenó a los gremios la posibilidad de cuestionar. Hoy se sienten tan timoratos que no se sabe si están presentes o son unos convidados de piedra para cuando el alcalde los necesite y orientarlos a su antojo (Aún estamos esperando su pronunciamiento en torno al hecho ocurrido con la Secretaria del Interior, Ana María González, y su fundación FEM).

Y tras los ataques ‘sicariales’ las Fuerzas Vivas de la ciudad han pagado pato con Dau, recientemente se fue lanza en ristre contra los cartageneros y corroboró en un Envivo lo que su ‘excelsa’ y ‘capacitada’ funcionaria había dicho de nosotros: ‘somos unos provincianos’. Balas disparadas al orgullo de una ciudad que con precio de sangre y valor pagó la independencia de Colombia. Hay que aprender un poco de historia mi estimada Ana María y a la ciudadanía se respeta.

Arrogante o no la señora, ella sigue como si nada y hoy aguarda a que le lleguen a su entidad la no despreciable suma de 2.4 millones de euros que, en plata blanca, son más o menos unos $12 mil 500 millones de pesos y en época electoral están como para poner a las tales Fuerzas Vivas de su lado. Perdón, verdad que los malos y corruptos son otros, ellos no.

Estos dos anteriores ejemplos dejan claro que en la ciudad Fuerzas Vivas ya no hay. Dau ha pretendido seguir dividiendo la ciudad en buenos (ellos) y malos (los otros). Cuando su ineptitud como mandatario no dejó ver una sola obra de servicio en esta provincia. A Dau se le recordará porque pasó cuatro años haciendo las mismas ‘maricadas’. Ofendendo e insultando a quien se le atravesaba por el medio. Las faltas de respeto fueron su constante en un gobierno en el que los cartageneros dan cuenta regresiva para que se marche de una buena vez con su convite de inoperantes funcionarios.

Y como para concluir la seguidilla de ataques a las mal llamadas hoy Fuerzas Vivas se metió con los medos de comunicación a quien, recordemos trató de maricas. Así de que el reto está servido en la mesa: elegimos a alguien que respalde Willam Dau y sus movimientos polítcos o le damos la vuelta definitvamente a esta página y entre todos unidos le cambiamos la cara con ese verdadero impulso que requiere la ciudad. Está claro que los cartageneros eligieron a un traidor.

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