Por: Luis Adolfo Payares

Mateo, como todo el mundo en su barrio lo llamaba, era esa clase de niños especiales, con una sonrisa permanente, sus ganas de servirle a la gente, lo hacía carismático y muy querido en la zona donde vivía. Vivía con su madre y su padre, al borde del caño Juan Angola, cerca a la calle Santa Fe del barrio Torices. Su padre albañil de profesión, era el que mantenía su casa, y su madre era quien se dedicaba a atender a sus hijos en medio de tantas carencias, pobreza y dificultades. El sueño de Mateo era el de muchos niños de la zona, ser futbolista o pelotero, para darle un mejor modo de vida a sus padres, y lo que repiten al unísono la mayoría de deportistas en este país, buscando la gloria: Darle una casa de “material” a su mamá y a su familia.

Mateo era muy servicial, se ganaba la vida, haciendo “mandados”en las tiendas, procurando que siempre alguien le diera una propina, para llevarle a su mamá. Nunca pedía plata, nunca se metió con nadie, a pesar que en medio de tanta pobreza, las circunstancias siempre ofrecen formas negativas para hacer dinero, Mateo jamás sucumbió a eso, tenia los valores formados por sus padres, quienes le decían siempre que fuera un hombre ejemplar. A veces solo había para alimentarse una sola vez, a veces ninguna, pero siempre la misericordia de alguien le ofrecía un plato de comida, que el gentilmente se lo llevaba a la mamá, para que lo hiciera rendir para sus hermanos.

El Juan Angola sigue buscando su solución integral | EL UNIVERSAL -  Cartagena
Aquí cerca al caño Juan Angola vive la familia de Luis Mateo

La esperanza del pobre es esa, poder tener el día a día, y poder comer tan solo una vez en medio de la miseria. Con apenas trece años, Mateo tenía un deseo inmenso de poder salir adelante, quería si el deporte no se daba, poder ingresar a la escuela de suboficiales navales, porque la de oficiales, es para los ricos y allí no aceptan “negros” y mucho menos pobres, le dijo un día un tío que ahora es suboficial naval.

Hace exactamente 10 días, Mateo empezó a tener fiebre y dolor en el cuerpo, su madre le dio algunas pastillas para el supuesto refriado que tenía, pero no mejoraba, al contrario, empezó a deteriorase, a presentar cada vez más dolencias, diarrea y vomito, para la cual unos vecinos y sus padres lo trasladaron al Hospital Infantil Napoleón Franco Pareja, allí duró tres días hospitalizado, y desafortunadamente murió el día de ayer. El diagnóstico fue dengue que fue matando poco a poco sus defensas y produjo un “schok” sistémico el produjo su deceso. Otro niño que muere sin cumplir sus sueños, una familia que vivirá con el dolor de la pérdida de su hijo, y lo más triste es que Mateo dejó un papel con 5 mil pesos que decía: “Mami con esto cómprale algo que comer a mis hermanitos”. DESCANSA EN PAZ MATEO, eres un ángel más para ayudar a tu familia. QEPD.

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