Cartagena amaneció con una postal distinta: largas filas de ciudadanos comunes que, con entusiasmo y curiosidad, se acercaron a la Plaza de la Paz para estrenar el nuevo servicio de coches eléctricos. La novedad turística, presentada como alternativa moderna y sostenible, se convirtió en un imán para propios y visitantes.
Las inconformidades de algunos empresarios tradicionales pasaron a un segundo plano. El cartagenero del común no dudó en aprovechar la gratuidad de los primeros recorridos y se volcó en masa a vivir esta experiencia. Quedó así demostrado que hay una ciudad que abraza la innovación, respeta a los animales y esto lo convierte en una gran fiesta colectiva.

