La política empieza a moverse en clave de diálogo. Varios alcaldes y mandatarios regionales han tomado la iniciativa de dirigirse al presidente electo Abelardo De La Espriella con un tono respetuoso, pero firme, para ofrecer colaboración y abrir mesas de trabajo. El mensaje es claro: la periferia quiere articularse con el centro, romper el viejo paradigma de “centro rico y periferia pobre” y saldar deudas históricas que han frenado el desarrollo territorial.
El alcalde de Cartagena fue el primero en levantar la voz, recordando que proyectos estratégicos como el Canal del Dique y el Aeropuerto de Bayunca no son caprichos locales, sino apuestas regionales y nacionales. El canal impacta tres departamentos y protege la bahía, vital para el comercio del país. El aeropuerto, concebido como un hub internacional, convertiría a Cartagena en un nodo de conectividad comparable con Panamá.
A estas prioridades se suman obras internas como la Vía Perimetral, la recuperación integral de la Ciénaga de La Virgen, el impulso al transporte acuático, y programas para enfrentar la pobreza y reforzar la seguridad. Son necesidades sentidas, no discursos vacíos.
El reto para el nuevo gobierno es comprender que estas solicitudes no son favores, sino mandatos constitucionales de trabajo armónico y subsidiario entre centro y periferia. Si se logra, se abrirá una etapa distinta: una relación fluida, flexible y complementaria que permita transformar regiones y fortalecer al país. Cartagena y la periferia ya pusieron la agenda sobre la mesa; ahora corresponde al centro demostrar que está dispuesto a construir en equipo.
La oportunidad es histórica. Si el nuevo presidente atiende estas demandas con visión estratégica, podrá sentar las bases de un modelo de desarrollo más equilibrado, donde las regiones no sean simples receptoras de recursos, sino protagonistas de su propio crecimiento. La periferia reclama voz y voto en la construcción del país, y esa voz hoy suena más fuerte que nunca.
El desafío, entonces, no es menor. Pasar del discurso a la acción, de la promesa a la obra concreta. Cartagena y los alcaldes ya trazaron el mapa de prioridades; ahora el gobierno central debe responder con hechos que demuestren que la articulación no es un gesto simbólico, sino el inicio de una nueva forma de gobernar.
