En medio de las noticias negativas que suelen ocupar titulares, hay hechos que merecen ser destacados con la misma fuerza: la recuperación y entrega del CDI de Puerto Rey en La Boquilla. Una obra que llevaba más de una década en abandono y que hoy vuelve a abrir sus puertas para atender a más de 100 niños, garantizándoles cuidado y alimentación diaria.
Este acto no es un episodio aislado, sino parte de un programa integral de construcción, adecuación y mantenimiento de Centros de Desarrollo Infantil en Cartagena. Con al menos 13 más en proceso de intervención, y otros nuevos en sectores como Punta Canoa y el suroriente de la ciudad, el impacto se multiplica: cientos de niños que tendrán acceso a servicios básicos de cuidado y nutrición, en una ciudad que lucha contra el hambre y la desigualdad.
La importancia de estas obras va más allá del cemento y la arena. Son infraestructuras sociales que generan empleo en su construcción y bienestar en su funcionamiento. Representan un compromiso con la infancia, con la calidad de vida de las comunidades más vulnerables y con la transformación de los indicadores sociales de Cartagena.
Lo que antes fue abandono, hoy se convierte en esperanza. Y lo que hoy se inaugura debe ser cuidado y apropiado por la ciudadanía, porque la continuidad de estos procesos depende de la voz unánime de quienes reciben sus beneficios.
En definitiva, este es el tipo de noticia que debería ocupar las primeras planas: la construcción de futuro a través de la infancia. Cartagena necesita más de estas obras, más de estos programas, más de esta visión de ciudad que entiende que el verdadero progreso se mide en el bienestar de sus niños.
