En nuestras ciudades se repite una escena conocida: los opinadores de ocasión, disfrazados de eruditos, que a falta de propuestas se dedican a lanzar quejas y lamentos como si fueran verdades absolutas. Nunca estuvieron en las mesas de trabajo, nunca aportaron en los debates serios, nunca se acercaron a construir soluciones. Prefieren esperar a que otros hagan para luego aparecer con la mochila lista y reclamar su porción.

Durante años vivieron del ruido y la contradicción, del chantaje disfrazado de opinión. Se alimentaron de gobiernos débiles que cedían a sus presiones con tal de mantener la fiesta en paz. Pero cuando surge un gobierno que controla, que ejecuta y que no se deja manipular, se les acaba el oxígeno. Entonces se convierten en críticos feroces, en sabios repentinos, en conferencistas de todo foro, siempre con la misma cantaleta: que nada sirve, que todo está mal, que nadie quiere al gobierno.

La realidad es otra: lo que buscan no es aportar, sino estar en el centro de los proyectos para continuar su proceso depredador. Viven del apellido, del pequeño poder que les da escribir una columnita o hablar unos minutos en una reunión. Repiten las mismas frases, las mismas tonterías, las mismas infantiladas que escucharon de otro.

Lo lamentable es que todavía creen que tienen audiencia, que todavía impactan, que todavía pueden dictar el destino de una ciudad. Pero ya no engañan a nadie. Hoy la ciudadanía exige gobiernos serios, templados, que no se dobleguen ante la torsionadera permanente de estos espectros del pasado. Gobiernos que piensen en la ciudad y no en el bolsillo de unos cuantos opinadores de oficio.

Un comentario en «Editorial | La ciudad contra sus sabios de papel»

  1. La ciudad contra sus sabios de papel – Buen enfoque y apunte critico hacia una estructura rancia del talante de unos cartageneros, huerfanos de la tula administrativa. Con el debido respeto al autor del articulo, cambiaria el titulo: La ciudad supera y rebasa a sus sabios de papel; en mi opinion, porque los ruidos, contradicciones y la contravia de sus criticas especiosas y hueras, hacia toda idea y acto administrativo del gobierno distrital, no conducen a soluciones del ahogo social en ningun ambito. En tanto, el ciudadano de barriadas está envuelto en las soluciones, que a diario perciben sus sentidos. Los depredadores pertenecientes al oscuro calabazo cucarachero, no pueden validar sus argumentos negativistas y derrotistas.

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