Parece que finalmente los cartageneros y los colombianos, comienzan a rendirse anta la evidencia y poco a poco aceptan que, un importante proceso de grandes transformaciones se está dando en Cartagena de Indias, bajo el liderazgo de Dumek Turbay y su excelente equipo de gobierno.
Si bien, había el natural escepticismo propio de una ciudad escaldada y recelosa, por las fatales experiencias anteriores, este comenzó a disiparse, rápidamente, cuando frente a sus ojos un imposible de varias décadas, se convirtió en una realidad asombrosa e incuestionable. Se había logrado lo que todo mundo pensaba que jamás se podría llevar a cabo: la recuperación de Chambacú.
Y esa condición de ser casi imposible, la realización de este proyecto, fue lo que lo convirtió realmente, en el desarrollo social y administrativo, más complejo que se haya acometido en la ciudad y el país, en los últimos tiempos. Eran casi siete mil metros cuadrados de una historia de penurias y exclusión, pero al mismo tiempo, también siete mil metros cuadrados de complejos problemas y grandes sueños de recuperación y cambio hacia una nueva vida de convivencia tranquila.
Primero fueron las más de ciento cincuenta familias hacinadas, en medio de la basura, las enfermedades y los malos olores. Luego los más de ciento veinte caballos, igualmente mal mantenidos y a veces mal tratados, que pedían a gritos su retiro y mejores condiciones de vida. Al lado de los caballos estaban los coches y los cocheros, que deberían sufrir la mayor transformación tecnológica y administrativa que se hubiera realizado en el país. Finalmente, los invasores que, a plena luz del día, se habían apropiado de parte de la tierra y que ahora reclamaban a gritos y acciones judiciales, sus supuestos derechos.
Este catálogo de exóticos problemas, con sus características y complicaciones, debió ser abordado y resuelto en un proceso eficaz, y armónico, que permitiera que cada uno de los actores sintiera que, estaba siendo atendido por un gobierno, cuya principal misión es, de lejos, el bienestar de su gente. Luego de resolver esta parte vendría lo fácil, lo sencillo: construir el complejo social, deportivo y recreativo, que hoy tiene extasiados a propios y visitantes y que además cambió la historia de la exclusión y el abandono por una obra de arte con final feliz.
Hay que felicitar a la ciudad de Cartagena, su alcalde y su equipo de trabajo, por esta gran realización, que en si misma es una nueva historia que, ojalá, los nuevos y aún los viejos historiadores, dejen plasmada en sus escritos y confirmen que en Cartagena de Indias hubo un grupo humano, que también tuvo su segunda oportunidad sobre la tierra.
