Me puse en contacto con uno de mis amigos cartageneros de la vieja guardia, para preguntarle e ilustrarme un poco, sobre ese tema tan misterioso que llaman POT – Plan de Ordenamiento Territorial- y que, cada vez que lo mencionan, genera discusiones controversias y muchas preguntas, ya que, creámoslo o no, es muy poca la gente que sabe de él.
Se burló mucho de mi y entre chiste y chanza me dijo que, ese era uno de los problemas más grandes que habían tenido las administraciones distritales de los últimos 10 o 12 años, porque es como una especie de examen en el que todos se habían rajado, ya que no alcanzaban a llegar a la primera parada, que es nada más ni nada menos que la conciliación ambiental.
Lo otro que había impedido que el dichoso plan avanzara, está relacionado con la cantidad de expertos que aparecen, tan pronto se determina que se va a adelantar el proyecto. Hablan en una jeringonza ininteligible y, según sus apreciaciones, no hay nadie capaz de enfrentar un tema tan complejo y tan extenso, a menos que sean ellos mismos quienes, además, deberán ser nombrados directores, pues su amplia experiencia y su sabiduría, no les permite ser unos simples profesionales o colaboradores.
Me contó mi amigo que el mismo se sintió tan abrumado e ignorante, sobre tan enmarañado y críptico trabajo, que llegó a asustarse y a pensar que las dimensiones de los análisis y estudios a acometer, estaban más allá de las posibilidades de humanos normales. Realmente No entendía en forma sencilla y práctica, porqué un elemento que ya se había realizado una vez en la ciudad, ahora era tan difícil. El quería verlo, tocarlo, ver de qué estaba hecho.
La ocasión se presentó sin muchos anuncios, el día que el jefe de Planeación, sin aspavientos ni misterios, entró al salón del Consejo de Gobierno, armado con cerca de 20 libros comunes y corrientes, en los que unos sencillos jóvenes: ingenieros, arquitectos, abogados, urbanistas, economistas, igualmente comunes y corrientes, habían logrado la extraordinaria labor de formular el famoso POT. Eran diagnósticos, estudios de riesgos, planimetría, estudios ambientales, definiciones sobre espacios y servicios, todos estudiados y concertadas con todos los estamentos de la ciudad, para así diseñar una hoja de ruta, que determinara el ordenamiento y el futuro desarrollo de la heroica.
Ese día, todos respiraron aliviados, y en medio de la felicidad tomaron la decisión de acompañar al hombre de los veinte libros, hacia las instalaciones de Cardique, en donde en Compañía del EPA, se hizo la gran conciliación ambiental, que deja al otrora misterioso POT, a las puertas de su aprobación definitiva y de su entrega a la ciudad, para que el cambio y las transformaciones continúen.
