No es cierto que en la ciudad de Cartagena de Indias se haya abandonado el método ingenieril de protección costera, basado en espolones rectos, en L o en T. Quienes afirman esto, seguramente no viven en la ciudad o pecan de desinformados o, por alguna ignota razón, han decidido sembrar dudas y confusión alrededor de un proyecto que, desde hace rato, ha comenzado a brindar las soluciones adecuadas al problema que se planeó corregir.
En Cartagena somos muy olvidadizos y casi siempre, a la hora de cuestionar o criticar, a la gente se les olvidan las razones, circunstancias o causas que dieron origen a las actuaciones, sobre todo, a las gubernamentales. Nuestros problemas de erosión costera y destrucción de algunas estructuras viales, son ya de vieja data y en 2019, ya se habían anticipado recursos en el Plan Nacional De Desarrollo, para remediar estas situaciones.
Es grave decir que no se están usando espolones para contrarrestar los efectos destructores y erosionadores del mar, los vientos y los oleajes en nuestras costas. De hecho, solo se necesita hacer un breve recorrido, desde bocagrande hasta Marbella, para notar que en los proyectos protección Costera y Malecón del Mar, ya se han construido 12 espolones, algunos de los cuales tienen extensiones en L, otros en T y los lineales finalizan en un refuerzo circular.
Es cierto que en algún sector especial en donde ya la marejada había socavado la banca y destruido parte de los andenes y la Avenida Santander, fue necesario y es lo recomendado, en procedimientos de emergencia, construir protección marginal con rocas de mayor tamaño y altura, teniendo en cuenta el trabajo de impacto frontal que deben resistir y los asentamientos futuros. Esto es tan solo necesario en un sector que todos sabemos es en donde mayores daños se producen por las condiciones del mar y la fuerza del oleaje. En este sector nunca han existido playas.
Si queremos poner el retrovisor que tanto aman algunos, les recuerdo que el daño ambiental que vivimos en nuestras costas, viene de cuando se retiró toda la capa vegetal y las dunas de protección que evitaban la erosión, para construir la avenida Santander. Pero esos son tiempos de otros dirigentes y otros gobernantes.
Mirar el mar es una delicia, mirar ese paisaje es algo reservado para observadores inspirados y serenos, que no tienen inconvenientes en bajarse de un vehículo en movimiento y dedicar unos minutos a una actividad gratuita, pero que muchos pagan por venir desde lejanas latitudes a ver. Nuestro mar no ha sido vendido, como si lo fue el del país del sátrapa del otoño del Patriarca. Afortunadamente ahí lo tenemos para todos.
