No han pasado ni cuatro días desde la elección del nuevo presidente de Colombia, Abelardo de la Espriella, y apenas medio día desde que el escrutinio lo ratificó oficialmente como ganador, cuando ya los rumores corren como pólvora. Los “gabinetólogos”, esa ciencia improvisada por los medios, se han dado licencia para inventar ministerios, nombramientos y cargos sin que el propio presidente electo haya pronunciado una sola palabra al respecto.
La realidad es clara: De la Espriella estaba concentrado en recibir su credencial, no en repartir carteras. Sin embargo, los titulares y las redes sociales ya dibujan medio gabinete fantasma, alimentando la especulación y la desinformación. ¿Hasta cuándo vamos a seguir en este ciclo de inventar noticias para ganar clics y popularidad?
Conviene recordar que Colombia aún tiene un presidente en funciones y que el nuevo mandatario solo podrá posesionarse el 7 de agosto. Solo entonces tendrá la facultad de legislar, decretar y conformar su equipo de gobierno. Escoger ministros no es un juego: exige revisar hojas de vida, verificar competencias y cumplir con requisitos legales que van desde certificados judiciales hasta antecedentes disciplinarios. Mientras tanto, los medios fabrican ministros de papel, sin rigor ni sustento.
El país necesita seriedad. No se trata de llenar titulares con “chivas” improvisadas, sino de esperar a que el presidente electo haga su tarea con responsabilidad, rodeado de asesores y criterios sólidos. La ciudadanía merece información verídica, actualizada y confirmada, no especulaciones disfrazadas de noticia.
Hoy, más que nunca, estamos sometidos al imperio de la desinformación. Ojalá que pare pronto y que la opinión pública reciba lo que realmente importa: un gabinete compuesto por los mejores, los más idóneos, los más preparados. Porque lo que está en juego no es la popularidad de un medio, sino el futuro de un país.
