El inicio del nuevo gobierno ha desatado una ola de solicitudes desde las regiones, cansadas de sentirse relegadas en los planes de desarrollo anteriores. Gobernadores, alcaldes, gremios y medios coinciden en un diagnóstico: el centralismo ha frenado proyectos vitales y ha dejado a la periferia en el abandono. La promesa presidencial de “gobernar desde las regiones” abre una expectativa distinta, con Barranquilla como epicentro y ministerios con presencia territorial para evitar que Bogotá se convierta en el eterno cuello de botella.
Pero entre tantas proclamas, solo un mandatario ha puesto sobre la mesa una propuesta concreta, con cifras, antecedentes y urgencia: el alcalde de Cartagena, Dumek Turbay. Fiel a la tradición de liderazgo del Caribe, Turbay no se limitó a saludar al nuevo ministro de Medio Ambiente —un especialista monteriano en la materia—, sino que le recordó que el Canal del Dique no es un capricho local, sino un proyecto estratégico de impacto nacional.
Este canal beneficia a 2 millones de ribereños en 19 poblaciones, garantiza agua potable, riego y pesca, y al mismo tiempo protege la bahía de Cartagena y el Parque Corales de Rosario de la avalancha de sedimentos que amenaza con convertir la bahía en un pantano. La obra, estructurada con rigor técnico y financiero desde 2016, quedó atrapada en la maraña burocrática de las licencias ambientales, símbolo del centralismo que engaveta proyectos hasta hacerlos desaparecer.
La advertencia es clara: sin el Canal del Dique, Cartagena perderá su bahía como puerto de gran calado y el país perderá una joya ambiental y económica. Con él, en cambio, se abre la posibilidad de recuperar ecosistemas, impulsar la competitividad y devolverle a la ciudad su mar azul y cristalino.
El reto del nuevo gobierno es demostrar que su discurso de descentralización no se queda en palabras. Las regiones no piden favores, exigen hechos. Cartagena ya trazó el mapa de prioridades; ahora corresponde al centro responder con obras que marquen un antes y un después.
El desafío no es menor. Romper con la inercia del centralismo y demostrar que las regiones pueden ser protagonistas del desarrollo nacional. El Caribe, históricamente relegado, ha levantado la voz con fuerza y claridad. La propuesta del alcalde de Cartagena es más que una solicitud: es un llamado urgente a rescatar un proyecto que combina justicia social, sostenibilidad ambiental y competitividad económica. Ignorarla sería repetir los errores del pasado y condenar a millones de colombianos a seguir viviendo entre inundaciones, contaminación y abandono.
El nuevo gobierno tiene en sus manos la oportunidad de marcar un giro histórico. Si logra reactivar el Canal del Dique y convertirlo en símbolo de descentralización efectiva, no solo responderá a una deuda con el Caribe, sino que enviará un mensaje poderoso al país entero: las regiones no son periferia, son el corazón del desarrollo. La bahía de Cartagena, azul y cristalina, puede convertirse en el emblema de ese cambio.
