Cartagena vuelve a ser escenario de anuncios grandilocuentes: en el Congreso de Logística, Zona Franca y Puertos, el presidente de la ANI, Óscar Torres, aseguró que avanza el proyecto de un nuevo aeropuerto para la ciudad, bautizado como Ciudadela Aeroportuaria de Cartagena de Indias (CASI). Un nombre rimbombante, una abreviatura llamativa, pero todavía sin pistas ni plataformas que lo respalden.
La paradoja es evidente: mientras se promete un aeropuerto con capacidad para 17 millones de pasajeros y una inversión de 8,5 billones de pesos, el actual Rafael Núñez apenas muestra señales de ampliación. Se habla de duplicar su capacidad de 7 a 13 millones de pasajeros, pero las obras llevan año y medio anunciadas sin que la ciudadanía perciba avances reales. ¿Cómo se duplica un aeropuerto con la misma pista y una reducción presupuestal de 600 mil millones de pesos?
El discurso oficial asegura que el nuevo proyecto será una concesión privada a 22 años, ubicado en Bayunca. Sin embargo, la ambigüedad reina: ¿se refiere a la duración de la concesión o al tiempo de construcción? ¿Qué privados estarán dispuestos a arriesgar semejante inversión en un país donde los grandes proyectos suelen naufragar en trámites, sobrecostos y cambios de gobierno?
La publicación de pliegos está prevista para junio de 2027, cuando ya hayan terminado los actuales alcaldes. Es decir, el proyecto apenas entrará en fase de convocatoria dentro de más de un año, y su ejecución quedará en manos de futuros gobiernos. Mientras tanto, la ampliación del aeropuerto actual sigue siendo una promesa sin sustento visible. Lo que hoy se presenta como un anuncio de progreso deja más preguntas que certezas.

