Faltando más de dos años para las elecciones a la Alcaldía de Cartagena, ya comienzan a asomar en el ambiente nombres, rumores y auto-proclamaciones de toda clase de aspirantes. Algunos creen que con solo tener el deseo de ser alcalde, abrir una cuenta en redes sociales y lanzar unas cuantas frases populistas, ya están en carrera. Pero Cartagena no necesita más improvisación.
Para siquiera parecer candidato serio a la alcaldía de esta ciudad, se necesita mucho más que ganas. Se requiere un plan, un estilo claro, una visión estructurada, metas alcanzables, estrategias sólidas y, sobre todo, un equipo competente que respalde esa aspiración.
Y si ser candidato exige tanto, ser alcalde es aún más complejo. Porque además de tener ideas, se necesitan habilidades personales muy específicas: capacidad de liderazgo, comunicación efectiva, vocación de servicio y, por supuesto, la habilidad de conectar con un electorado tan diverso como escéptico. Cartagena tiene una ciudadanía difícil de conquistar, y basta recordar ese misterio de los «100.000 votos» flotantes, que todos dicen tener pero nadie demuestra realmente controlar.
Algunos precandidatos parecen creer que la vía rápida para posicionarse es atacar al actual gobierno. Grave error. Esta vez, la estrategia de la confrontación no tiene terreno fértil. No estamos en los días de William Dau, cuyo estilo disruptivo caló en un momento particular. Esta es otra etapa. El gobierno de Dumek Turbay ha mostrado orden, gestión y una línea de continuidad que la ciudadanía parece valorar. Apostarle al desgaste del actual gobierno como única estrategia es no haber entendido nada del contexto político que vive Cartagena.
Lo que viene no es un concurso de insultos ni una guerra de egos en redes sociales. Lo que se requiere son propuestas, planes de ciudad, ideas de futuro. Cartagena necesita líderes que sepan construir sobre lo construido, no demoler por demoler. Si la ciudad quiere avanzar, el próximo gobierno debe ser de continuidad con visión de largo plazo, que entienda que lo iniciado ahora podría dar frutos en 12 o 15 años si no se interrumpe por caprichos políticos.
Así que, quienes se están alistando para la carrera, háganlo con seriedad. Piensen primero en la ciudad, y después en ustedes. Porque Cartagena no necesita más salvadores de cartón: necesita verdaderos constructores de futuro.

