Cuando el alcalde Dumek Turbay recibió el cargo en enero de 2024, encontró la avenida Santander prácticamente inutilizada, en el carril crespo- bocagrande, a la altura del centro Histórico, en el sector de Santo Domingo, que siempre ha sido la parte donde mas profundidad hay, mas corrientes y mayor fuerza del oleaje.
En esta parte, nunca ha habido playas y tradicionalmente en esta curva, es donde la Santander se inundaba y el mar lanzaba rocas a la vía, porque las olas sobrepasaban las defensas instaladas. Para enero del 2024, la fuerza del agua había destruido la defensa, socavado las bases de la banca de la avenida Santander y ya medio carril de la vía, se había desplomado.
Hay que aclarar que esto ocurría cada determinado tiempo, con las condiciones climáticas normales, es decir, el frente frío todavía no había llegado. También se recuerda que en este tramo de la vía se formaba un trancón, había que esquivar la marejada y las piedras, y por supuesto, el paisaje que hoy tanto añoran, era desolador.
Pero quizá el recuerdo más vívido es el de la apatía, la desidia y el ensimismamiento de la cofradía de sabios, que, mirándose el ombligo, felicitaban y aplaudían a un alcalde lenguaraz e inútil, que se entretenía haciendo videos pendejos, mientras asoleaba los billetes del presupuesto, en los pañoles de la banca local. Nadie se quejaba, nadie escribía columnas para mostrar sus grandes conocimientos en el tema y todos eran felices en medio del desastre.
Es quizá por eso que hoy causa tanta extrañeza, que tanta gente se haya vuelto columnista, panelista, forista, para deleitarnos con su sapiencia y experticia, sobre temas y problemas por los que ellos nunca se preocuparon y que, solamente ahora, el actual alcalde tuvo el liderazgo y la capacidad de abordar con decisión y soluciones de urgencia. Ahora todos tienen reparos, todos invocan códigos y doctrinas que han debido usarse, para que las cosas se hicieran bien y a satisfacción de ellos. Por qué no me van a decir que, actuar o hacer algo se limita a opinar, diagnosticar y recomendar, en mesas de dominó. Los veteranos decían que “con la boca y el dedo se hacen rosas y macaneo”.
Este tipo de situaciones es lo que ha configurado el reconocido sesgo cultural de los cartageneros, conocido como la olla de cangrejos, que tanto se menciona en estos días de precampaña, cuando los que no hacen, tampoco dejan hacer. A algunos también les extrañaba y se preguntaban, ¿por qué estos personajes no arman su campaña, aspiran a la alcaldía, ganan la elección y gobiernan, según sus grandes habilidades y su sabiduría?
