Llamó la atención en redes sociales, una fotografía subida por un cibernauta, en la que aparece un baño de una residencia y en la zona de la ducha, se señala con una flecha un tanque plástico de gran tamaño. Era un baño lujoso y al pie de la foto decía: así lucen los baños de las residencias estrato cinco de Cartagena.
Y es cierto, se ha vuelto costumbre entre los cartageneros, disponer de un tanque de agua de tamaño adecuado en los baños, de tal manera que, en caso de falla en el servicio de agua, se tenga esa reserva para no quedar a medio camino enjabonados. Es decir, después de mucho desarrollo y modernidad, en Cartagena seguimos viviendo como hace 60 años, cuando llevábamos el balde y la totuma para bañarnos. No quiero decir que esto sea siempre, pero el hecho de que estén los tanques, de forma permanente, en los baños es muy sugestivo de que algo anda mal.
No se entiende entonces por qué, cuando se habla por parte del gobierno distrital de actuar en dirección de dar solución definitiva a estos problemas, de inmediato salen los expertos, comunicadores y hasta dirigentes, a rasgarse las vestiduras y a pontificar sin ruborizarse, a favor del gran conocimiento y experiencia que tiene el actual socio operador y de lo problemático y riesgoso que sería, pensar una solución estratégica y de alto impacto que erradique de una vez por siempre el problema.
Se recuerda de inmediato el manido anatema, según el cual lo público es mal manejado y se habla temerariamente de que se van a robar la nueva empresa que se propone, sin darse cuenta que, están rechazando una propuesta seria y bien planificada, usando los argumentos de lo que ocurría en su época de dirigentes. ¿Es que el gobierno no tiene derecho a hacer las cosas bien? ¿Qué explicaciones hay para apoyar y sostener a una empresa que nos tiene viviendo como hace cincuenta años?
Muy poca gente sabe realmente, a lo que debe enfrentarse un alcalde, cuando trescientos o cuatrocientos mil personas de la ciudad que dirige, se quedan sin el elemento más importante para vivir y cuando la ciudad no está preparada, porque no tiene un gran tanque de reserva, como si lo tienen los baños de Cartagena. Es apenas elemental que un alcalde que, además, es un gran líder solucionador, esté jugado por una solución de alto calibre.
Los cartageneros deben respaldar esta propuesta y apoyar a su alcalde, quien ha demostrado hasta la saciedad, una gran capacidad de gestionar proyectos de envergadura y solucionar problemas, que en su momento fueron mirados como imposibles, o inmanejables, por dirigentes indiferentes o simplemente apáticos.
