Vantara, el arca biotecnológica de la familia Ambani en la India, es un ecosistema entre la infraestructura de la mayor refinería de petróleo del mundo creado con una selva artificial de diez millones de árboles, que se ha ofrecido como la única salida técnica para frenar el sacrificio autorizado este mes por el Gobierno de Colombia.
Este oasis de 1.200 hectáreas, blindado y privado, desafía la lógica del paisaje árido del oeste de la India. No funciona como una reserva al uso, sino como un centro de ingeniería biológica donde el cuidado animal se gestiona con la precisión de un laboratorio genómico.
En este enclave de los Ambani, la herencia más problemática del ecosistema colombiano podría encontrar su destino final bajo un sistema de bienestar animal que parece extraído de la ciencia ficción.
Del capricho del narco a la filantropía del crudo
La posible llegada de estos ejemplares a la India encierra una ironía si se piensa que los hipopótamos, que aterrizaron en Colombia en los años 80 como un símbolo de la extravagancia y el poder sin límites de Pablo Escobar, podrían encontrar su destino final en otro ecosistema nacido de la opulencia extrema.
Lo que comenzó como un capricho exótico financiado por el narcotráfico en la Hacienda Nápoles, se ha convertido cuatro décadas después en una crisis ambiental que solo parece encontrar solución en el bolsillo de los Ambani, uno de los mayores multimillonarios del mundo.
Es el relevo de dos eras de riqueza, la del dinero del tráfico que creó el problema frente a los miles de millones de la industria energética que hoy ofrecen la tecnología para resolverlo.
EFE
