En dos oportunidades la embajada de los Estados Unidos advirtieron sobre la ola de inseguridad y lo peligroso que era un destino turístico como Cartagena para su gente. Al respecto el concejal Javier Julio Bejarano expresó en sus redes la preocupación sobre el crimen del fiscal antidrogas de Paraguay Marcelo Pecci de la que manifestó que es lamentable por los niveles de inseguridad a los que se ha llegado.
Recordemos que a través de un comunicado A través de un comunicado, la Embajada de Estados Unidos advirtió a sus conciudadanos de no visitar ciertas zonas de Cartagena por la inseguridad, entre ellas el barrio de Chambacu, el área al este del Centro Comercial Caribe Plaza y el sur de la capital de Bolívar; por lo cual, los turistas estadounidenses deben mantener “bajo perfil”.
El cabildante manifestó que la embajada de los Estados Unidos ya en dos ocasiones advirtió la grave situación de inseguridad y añade que hace poco, había declarado a Cartagena como un destino peligroso para sus ciudadanos que nos visitan por turismo. Solo en 2022, y antes del crimen del fiscal Pecci, las estadísticas revelan que 119 personas habían sido asesinadas en medio de una guerra sin cuartel y en la que muy poco se había visto a unas autoridades moverse como lo hicieron con el funcionario judicial de Paraguay.
«Desde 2020 en varios debates de control político de seguridad hemos venido tratando este tema y la necesidad de que se tomen medidas para contrarrestar la ola de inseguridad y muy poco es lo que se ha venido haciendo. Se le dijo en su momento al alcalde que las cifras de seguridad iban empeorando y cómo el tejido social de la ciudad se iba deteriorando», sostuvo Bejarano.
Y mientras la ola de inseguridad era un tema que preocupaba a todos por igual, Bejarano insiste en que el presupuesto del Distrito no veía invertido en lo realmente importante como era garantizar la tranquilidad de los cartageneros. Advierte el cabildante que la actitud displicente por parte de la administración distrital se fundamentó en tres aspectos: primero negar la magnitud de las advertencias alegando que era mera “percepción”; segundo, culpar a otros de su propia ineptitud y tercero lanzar campañas que son más mediáticas que efectivas.

