En un trágico incidente ocurrido en el municipio de Zambrano, Bolívar, el subteniente Nicolás Reyes Valencia, comandante de la policía local y con tan solo 22 años de edad, fue brutalmente asesinado por un escolta de la empresa de seguridad privada Prosegur. Este hecho ha dejado al país consternado y ha puesto en el centro del debate la actuación de la empresa privada en funciones de seguridad pública.

El subteniente Reyes, quien llevaba apenas cinco días en el cargo como comandante en Zambrano, fue asesinado cuando se encontraba en el campo de softbol del municipio, esperando a los escoltas de Prosegur, quienes se desplazaban en helicóptero para abastecer una sucursal del Banco Agrario local. Los funcionarios de Prosegur habían solicitado el acompañamiento de la policía para proceder con el traslado de valores, una solicitud que fue aceptada por el comandante Reyes.

Al aterrizar el helicóptero, el subteniente Reyes se acercó al vehículo para proceder con el acompañamiento de rutina, pero fue recibido con un disparo por parte de uno de los escoltas de Prosegur, quien, según su versión, alegó que «pensó que venía a robar». Este lamentable incidente dejó sin vida a un joven oficial, cuyo único error fue cumplir con su deber de proteger la seguridad en su comunidad.

El hecho ha generado indignación en toda la región y en el país, cuestionando una vez más las prácticas de seguridad de las empresas privadas que operan en el país. ¿Hasta dónde debe llegar la autoridad de una empresa como Prosegur? ¿Es posible que se confunda un acto de colaboración con un intento de robo? La falta de control y supervisión sobre el personal de estas empresas ha sido un tema recurrente, y muchos se preguntan por qué el gobierno nacional no interviene para regular mejor sus operaciones.

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