Por Rubén Rodríguez

Asistimos recientemente al escenario de un maltrato animal en la ciudad momentos en que una persona levantaba a patadas a un caballo sorprendido porque el equino, tal vez, se negaba a moverse. Se hizo viral el hecho a través de los videos que se subieron a las redes sociales. El hombre de manera descarada le pegaba en el vientre al animal ante la indignación de los cartageneros que no dudaron en reprochar el hecho. Cuando uno esperaría que sean los caballos los que patean, ocurre que son las personas las que asumen este rol de animales.

Las imagenes permitieron la acción oportuna de la autoridad que llegó hasta el lugar, detuvo al ciudadano que maltrataba al animal y le dio la asistencia al animal. Son de esas acciones que se aplauden y que permiten saber que se hace justicia. Y creo que la expectativa que se ha generado en la ciudad es ver qué pasará con el ciudadano a fin de que todo el peso de la justicia caiga sobre él y que el caballo recupere su libertad y mejore sus condiciones de vida.

Una experiencia similar a la del caballo fue la que enfrentaron los cartageneros durante la administración de William Dau. Cuatro años en los que el maltrato, la ofensa y la falta de respeto fueron los protagonistas de sus acciones. La indignación era total, a tal punto de que hoy la ciudadanía se cansó de sus mensajes y lo que quieren es que recoja sus motetes y se vaya definitivamente. Ese ambiente no le hace bien a Cartagena si quiere seguir avanzando y creciendo como lo viene haciendo.

Aseguraba el alcalde Dumek Turbay en la clausura de Andesco que Cartagena se cansó de que la trataran a las patadas y decidió por el cambio. El irrespeto y la vulgaridad quedaron atrás y se dibujó entonces un nuevo horizonte que le ha permitido a los cartageneros ver un panorama distinto.

Nuevos vientos soplan hoy para una ciudad que estaba asfixiada por la chabacanería, la grosería y la ordinariez. El camino está despejado y de manera sorprendente otro aire se respira en Cartagena. Los habitantes del Corralito de Piedra sienten como las brisas traen consigo desarrollo, progreso y crecimiento. Se escucha la voz de una ciudad unida que anhela seguir avanzando.

Uno que otro cuestiona la transformación que vive Cartagena y, tal vez como masoquistas, añoran aquellos tiempos de malos tratos y patadas por parte del exalcalde Dau. Lo bueno de todo lo que sucede es que los avances y el crecimiento son para todos y, muy a pesar de que estrilen y pongan el grito en el cielo, van a terminar dando su voz de aprobación a los cambios que se verán en la ciudad.

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