Siempre será más fácil esperar que alguien haga el plan, busque los recursos, diseñe, contrate, construya y de al servicio, sentado en un escritorio rascándose las orejas, leyendo el periódico, tomando tinto atornillado a un cargo burocrático y luego que se entrega la obra, erigirme en faro y brújula de la ciudad y explicar con sapiencia y cara de circunstancias, que era y como era lo que se debía hacer.
Afortunadamente los orientales que nos llevan tres mil años en perrería, ya se lo habían pillado y Confucio, su gran líder, decía: defiendan sus ideas a ultranza, hasta la muerte, coño, pero si usted ve que la gran mayoría piensa diferente a usted, es hora de sospechar que la está embarrando. Y así les está pasando a las brújulas – faros, de la ciudad, más conocidos como bocas de champú. Están poniendo de moda hablar pendejadas, creyendo que hablar mal de lo que todos hablan bien, los vuelve frenteros, disruptivos y diferentes, condición para ser un erudito, un referente y una autoridad.
La autoridad en materia de obras que se realizan en la ciudad, son los cientos de miles de cartageneros, visitantes nacionales y extranjeros que no terminan de ponderar, las excelencias de la nueva Cartagena, la importancia de las transformaciones que se vienen realizando, en todos los temas y sectores de la ciudad y las grandes oportunidades que se derivan de un modelo de ciudad que a todos gusta. ¿O es que seguimos bajo la creencia colonialista de un norte casto y un sur apasionado?
No creen ustedes, señores sabios, que están equivocados, cuando veinticinco mil personas diariamente, disfrutan de la gran felicidad que brinda un espacio, científicamente diseñado para el goce, el encuentro ciudadano y la tranquilidad. Que tiene de malo que un gobernante inspirado, piense en la felicidad de su pueblo. ¿O es que acaso, los cartageneros no tienen derecho a la vida digna y a ser felices? ¿O solo son ustedes los sabios, los faros morales, las brújulas, quienes, por una conspiración celestial, están determinados a decidir que sí y que no?
Estos excesos de sabiduría de algunos opinadores de pacotilla, son más graves, cuando se trata de personajes que llevan años atornillados y pelechando de la burocracia y las bondades de la ciudad, viendo como Cartagena se venía a pique, sin siquiera decir esta boca es mía. ¿Dónde estaba esa sabiduría cuando, apoyaron a un loco para que acabara con la ciudad?
Les aceptamos que aparezcan diariamente en las páginas sociales de los periódicos y hasta que los sienten en la mesa principal de cuanta reunión se programe en la ciudad, pero hasta ahí. Si no tienen nada que hacer, no lo hagan aquí.
