Por Rubén Darío Rodríguez
Comienzo por plantear un interrogante: ¿por qué un candidato de la izquierda en Cartagena no logrará obtener nunca la misma votación que sacó su aspirante presidencial? La respuesta parece evidente: los nombres que se ponen sobre la mesa no responden a lo que verdaderamente quiere la ciudad. Cartagena no necesita improvisaciones ni reciclajes, pero la izquierda insiste en ofrecerlos como si fueran la gran solución.
Ese junte —como dirían los boricuas—, vergonzoso por demás, entre Lidys Ramírez, Armando Córdoba, William Dau y Judith Pinedo no es simplemente una coincidencia política: es la muestra más clara de un reciclaje que la ciudadanía ya no tolera. Son figuras que tuvieron su oportunidad y dejaron más dudas que certezas, y hoy pretenden volver como si nada hubiera pasado, como si Cartagena no recordara los vacíos, los errores y las frustraciones que marcaron sus gestiones.
A esto se suma la aspiración de Fernando Niño, quien pretende reinventarse bajo el disfraz de “progre transformado”, como si un cambio de discurso borrara su oscuro pasado político. Su candidatura refleja más un intento de oportunismo que una verdadera renovación, pues busca capitalizar el desgaste de otros nombres sin ofrecer un proyecto sólido para la ciudad.
Al mismo tiempo, el rumor de que el cachaco Carlos Carrillo, exdirector de la UNGRD, estaría buscando un espacio por la izquierda en La Heroica, evidencia la desconexión de esa corriente con las realidades locales. Traer figuras externas, sin arraigo ni vínculo genuino con Cartagena, solo refuerza la percepción de improvisación y reciclaje político. En conjunto, estas aspiraciones no representan una alternativa fresca, sino la repetición de fórmulas que la ciudadanía ya conoce y rechaza.
El panorama es preocupante: ¿de verdad creen que Cartagena merece una campaña de reciclaje político, con candidatos que parecen sacados de una novela trasnochada de Corín Tellado, donde el dolor, la tristeza y la amargura hacen parte de ese argumento central? La ciudad ya superó esas páginas oscuras y exige brillo, liderazgo fresco y propuestas serias, no un menú repetido de nombres desgastados.
El problema no es la ideología, es la falta de credibilidad. Los cartageneros reclaman propuestas serias, nuevos liderazgos y compromisos reales con la seguridad, la movilidad y el desarrollo. Lo que se ofrece hoy desde la izquierda es un reciclaje que no conecta con las necesidades de la gente y que, por eso mismo, jamás alcanzará la votación que obtuvo su candidato presidencial.
No en vano, un líder como Javier Julio Bejarano decidió alejarse de la izquierda. Su trayectoria en el Concejo Distrital lo mostró como una voz activa pero al ver la falta de garantías y la repetición de viejas fórmulas, opta hoy por presentarse como candidato independiente. Ese distanciamiento refleja lo que muchos cartageneros sienten: que la izquierda no ofrece respuestas nuevas y que la ciudad necesita liderazgos emergentes, capaces de interpretar sus sueños y anhelos.
Cartagena no puede seguir atrapada en un círculo de nombres repetidos y fórmulas desgastadas. La ciudad necesita liderazgos auténticos, con propuestas claras y capacidad de transformar la realidad, no candidatos reciclados que solo buscan sobrevivir en la arena política. La izquierda, al insistir en figuras sin credibilidad y en aspiraciones desconectadas de la ciudadanía, se condena a sí misma a la irrelevancia.
El futuro de La Heroica exige proyectos serios, con visión y compromiso real, capaces de interpretar los sueños de una ciudad que avanza con firmeza, con brillo y esplendor. Mientras algunos insistan en revivir viejas caras y discursos trasnochados, Cartagena seguirá esperando a quienes de verdad estén dispuestos a construir confianza y a liderar con responsabilidad.
