El Malecón del Mar cada día crece más y, en la misma forma, crecen las expectativas de los futuros usuarios, especialmente los locales, de los barrios cercanos al espectacular paseo. Aunque parezca de no te lo puedo creer, los trabajadores de la obra se han visto sorprendidos, por una multitud de caminantes y visitantes que, aún sin haberse concluido algunas faenas, ya estaban deleitándose y disfrutando de los senderos, la ciclovía y el espectacular paisaje.
Cada quien manifiesta su admiración de diferente manera, aunque los más visibles son, obviamente, los que aprovechan para la respectiva selfie y de paso, tomar algunas instantáneas del bello atardecer. Mucha gente se ha convertido en fotógrafo y las redes se ven llenas de toda clase de muy buenos paisajes idílicos, anaranjados y azules.
Hay otros que asumen muy bien su rol de interventores o supervisores y, al poco tiempo, comienzan a opinar sobre la obra como tal, quitándole, adicionándole o modificando elementos que, a su parecer, deberían ajustarse. Me llamó mucho la atención un señor de pelo blanco y apariencia indígena, que lista en mano, revisaba las especies de plantas y árboles sembrados en los diferentes jardines y zonas verdes y de una, daba su aceptación o recomendación, a quienes querían escucharlo, que eran simples visitantes.
Los más activos, son los que fungen de expertos en paseos peatonales y ciclovías o ciclorrutas – parece que son diferentes – ya que cada quien tiene su propia versión, de cual carril es para cada cosa. Parece que a los caminantes les gusta más la ciclovía y terminan al final todos compartiendo el mismo camino. Son interesantes señales de apropiación y sentido de pertenencia, que la mega obra está despertando en la ciudadanía y que, ojalá, se convierta muy pronto en un rasgo cultural asociado a la transformación de la ciudad.
Finalmente, me encontré a un señor de edad bastante avanzada que pregonaba que, a él lo único que le interesaba era que pusieran un establecimiento donde se vendan “Margaritas Shakeadas” y dispongan de sillas reclinables para mirar la puesta del sol más bella y, probablemente, más famosa del mundo. Fue tan atrevido el viejo, que se acercó directamente a hacer la solicitud formal a la directora del proyecto, quien le sonrió enigmáticamente y se fue a atender otras peticiones.
El alcalde, que también se la pasa revisando los detalles finales, ha anunciado la apertura del célebre malecón para finales del mes de octubre, cuando, incluso hasta el presidente se hará presente para acompañar la gran ocasión y muy seguramente, ratificar su disposición de apoyar la segunda fase del proyecto, la cual iniciará tan pronto se aseguren los recursos.
