Por Rubén Rodríguez García
Iván Cepeda se mostró junto al presidente Gustavo Petro, lo que generó más preguntas que apoyo. En un momento en que la imagen del exgobernante está en su peor momento, su cercanía a Cepeda —un líder importante del ala progresista— parece más un problema que una ayuda. Su presencia al lado del exmandatario no fortalece su liderazgo opositor, sino que lo hace parte de una historia que ya no convence y que ha generado desilusión entre la gente.
El país necesita una oposición clara y con propuestas, una que no solo señale fallos, sino que ofrezca soluciones. Cepeda, con su experiencia y habilidad para dialogar, podría ser esa voz. Pero su alianza con Petro lo aleja de ese rol y lo acerca a un escenario que ha dejado muchos vacíos en zonas que históricamente han sido olvidadas, como el Chocó. Allí, la falta de apoyo y la escasa inversión estatal han dejado heridas que se han agravado con este fenómeno natural.
Los alcaldes, entre ellos Dumek Turbay desde Cartagena, plantearon una realidad incómoda: las regiones no podían seguir siendo simples espectadoras de la concentración del poder. La falta de inversión en estas fue una constante durante el gobierno de Petro, lo que generó retrasos y desigualdades. Hoy, estos escenarios se han notado más claramente tras las emergencias que azota al país.
Entre tanto, el nuevo gobierno de Abelardo de La Espriella recibe críticas por ese estilo confrontativo. Sin embargo, incluso quienes no están de acuerdo con él, coinciden en que el país ahora mismo necesita menos conflictos y más apoyo mutuo.
En medio de la tragedia provocada por el reciente terremoto, lo importante no es quién hable más fuerte, sino quién ayude primero. La empatía debe ser el punto de partida, y la inversión en las regiones, la prioridad. Solo así Colombia podrá abordar la deuda histórica que ahora afecta al gobierno de Petro y a quienes lo acompañan.
En momentos de crisis, la política debe convertirse en comprensión. Y si alguien va a criticar, que lo haga con acciones, con manos abiertas y no con dedos señalando. Solo así la oposición, y el país en su totalidad, podrá recuperar la confianza que tanto necesita.
