En Cartagena se ha vuelto costumbre que artículos y opiniones subjetivas circulen en redes y prensa local, ganando credibilidad por el simple hecho de aparecer en medios. Esta dinámica ha deteriorado la confianza en la comunicación pública: opinar es un derecho, pero hacerlo exige coherencia, análisis y rigor. No basta con repetir paradigmas sin sustento; se requiere información estructurada y basada en estudios serios.
Uno de los discursos más frecuentes sostiene que la inversión en infraestructura no genera impacto social. Sin embargo, las cifras oficiales muestran lo contrario. El DANE reporta que en los últimos tres años la pobreza monetaria en Cartagena bajó 9,5 puntos, la pobreza extrema cayó casi 5 puntos y la pobreza multidimensional se redujo en 3 puntos. Estos avances son fruto de inversiones superiores a 6 billones de pesos, que han generado empleo e ingresos, impactando directamente en los indicadores sociales.
Cartagena sigue siendo una ciudad con altos niveles de pobreza y hambre, nadie lo discute. Pero los resultados son medibles y verificables: reducir casi 10 puntos de pobreza monetaria no es un logro menor, es el efecto de políticas públicas y de la ecuación básica de la economía: cuando el Estado invierte, se genera desarrollo.
El reto es abandonar discursos fáciles y subjetivos, y construir opiniones basadas en cifras oficiales. Solo con comunicaciones estructuradas, congruentes y sustentadas en datos se logrará informar con seriedad y evitar que la ciudad caiga en la desinformación.
Además, es necesario reconocer que la infraestructura no solo significa cemento y ladrillo: detrás de cada obra hay empleo, ingresos y oportunidades que impactan directamente en la vida de miles de familias. Negar ese efecto es desconocer la lógica más elemental de la economía y minimizar el esfuerzo de quienes trabajan por transformar la ciudad.
Finalmente, Cartagena necesita voces responsables que informen con rigor y que valoren los avances sin dejar de señalar los retos pendientes. La crítica es válida, pero debe estar acompañada de cifras y argumentos sólidos. Solo así se construye confianza y se fortalece el debate público en una ciudad que busca superar sus históricas desigualdades.
