Resulta llamativo que Iván Cepeda, tras la primera vuelta del 31 de mayo, insista con tanta vehemencia en acelerar el debate presidencial frente a Abelardo de la Espriella. El candidato de izquierda reclama reglas, compromisarios y hasta la intervención de canales nacionales para que el encuentro se realice cuanto antes. Sin embargo, la pregunta inevitable es: ¿por qué ahora sí y antes no?
Durante la primera vuelta, Cepeda no mostró el mismo apremio. Su campaña se concentró en consolidar apoyos regionales y en mantener la narrativa ideológica, sin poner el debate como prioridad. En ese momento, la estrategia parecía ser evitar un cara a cara que pudiera exponer fisuras o desgastar su discurso frente a un abanico de candidatos.
Hoy, en cambio, el escenario es distinto. Con la segunda vuelta en el horizonte y un solo rival en la contienda, Cepeda necesita reposicionarse. El debate se convierte en herramienta para recuperar protagonismo, contrastar propuestas y, sobre todo, obligar a De la Espriella a entrar en un terreno regulado donde las consignas no bastan y las ideas deben sostenerse frente a la opinión pública. Es de aclarar que el debate no suma votos pero permite posicionar imagen.
El “ahora sí” revela un cálculo político. Cepeda entiende que el tiempo corre y que cada día sin debate favorece a su contendor, quien ha sabido capitalizar titulares y proyectar dinamismo. Por eso, la presión por compromisarios y reglas claras no es solo un gesto democrático, sino una estrategia para marcar el ritmo de la campaña.
No obstante, la insistencia también expone una contradicción. Si el debate era tan necesario para la democracia, ¿por qué no se exigió con igual fuerza en la primera vuelta, cuando más candidatos estaban en juego y la ciudadanía necesitaba contrastar propuestas? La respuesta parece estar en la conveniencia política más que en la convicción democrática.
Cepeda ahora sí tiene afán del debate porque lo necesita para reposicionarse y recuperar protagonismo. La urgencia no es nueva, pero se volvió estratégica. El país espera que este encuentro no sea solo un recurso táctico, sino una verdadera confrontación de ideas que aporte claridad en medio de la polarización.
