En medio de la avalancha informativa que generan las elecciones presidenciales y el aniversario 493 de Cartagena, hay un capítulo deportivo que pasa inadvertido: el voleibol bolivarense y cartagenero. Mientras la política y las celebraciones ocupan titulares, en las canchas se está gestando un proyecto que ya es referente nacional y que empieza a tener eco internacional.
Durante la última década, las selecciones femeninas de Colombia han contado con una mayoría de jugadoras de Bolívar y del Valle, con nóminas donde Cartagena aporta hasta la mitad del equipo. Y aunque el país sigue atrapado en la lógica futbolera, lo cierto es que nuestros voleibolistas —hombres y mujeres— ya compiten en ligas profesionales de Europa, Asia y Norteamérica, un fenómeno que merece tanta atención como el fútbol.
El reciente tercer lugar de Bolívar en el campeonato nacional femenino de Bucaramanga, con una nómina joven y limitada, confirma que el talento local es competitivo y resiliente. Y ahora, con el torneo interclubes sub-15 que reúne a 21 departamentos en Cartagena, se abre la vitrina para la cantera: niñas que representan el futuro inmediato del voleibol y que, con disciplina y apoyo, serán reclutadas por equipos internacionales.
Brasil, Perú y República Dominicana ya entendieron que el voleibol es motor de identidad y orgullo deportivo. Colombia, en cambio, sigue mirando casi exclusivamente al fútbol. Pero desde Bolívar y Cartagena se está construyendo una potencia silenciosa, una cantera que puede convertirnos en protagonistas mundiales de este deporte.
El voleibol no es una nota al pie, es una historia de esfuerzo, talento y futuro que merece ocupar titulares. Porque mientras la política acapara la atención, en las canchas se está escribiendo otra forma de grandeza para la región y para el país.
