Por Édgar Eliud – Médico Cirujano
Hay hombres que no solo pasan por este mundo, sino que lo transforman. Hombres que no esperan a que las condiciones sean perfectas, sino que crean sus propias tormentas para demostrar de qué estan hechos. Tu padre fue, sin duda, uno de ellos.
Su espíritu guerrero y su alma emprendedora no nacieron de la comodidad; nacieron de esa mente despierta que siempre vio caminos donde otros solo veían muros, y de unas manos que jamás le huyeron al trabajo duro para sembrar el futuro. Fue un visionario que lideró con el ejemplo y un protector que nunca dio un paso atrás.
Como su médico, tuve el honor y el privilegio de conocerlo en una faceta de profunda intimidad y batalla. Y puedo decirte con total certeza que la misma fuerza y tenacidad con la que construyó su vida, fue la misma fuerza con la que luchó hasta el final. En el consultorio no solo vi a un paciente; vi a un hombre con una determinación de hierro, inquebrantable ante la adversidad y con una dignidad monumental que nos debe inspirar a todos a su alrededor.
Hoy ya no está físicamente, pero la madera de la que estaba hecho —la de los grandes, los que no se rinden— queda sembrada en ti y en el legado imborrable de todo lo que edificó. Los caminos difíciles solo los caminan los hombres fuertes, y él completó el suyo como el verdadero guerrero que siempre fue.
Por qué el si supo cómo lanzar una «RECTA DURA, Y HACER EL PENTÁGONO TRIZAS!!» en cada desafío que le reto la vida.
Mi más profundo respeto al «VILLANO» y un abrazo fraterno en su memoria.
