La ciudad no olvida. Pasamos de la inestabilidad permanente en el gabinete de William Dau a un equipo sólido y firme de Dumek Turbay que ha generado confianza y materializa los proyectos de ciudad que se ha trazado.

Cartagena lo recuerda bien. La administración de William Dau en Cartagena se caracterizó por una inestabilidad inédita en su gabinete. En apenas tres años y medio, se registraron más de un centenar de movimientos entre secretarios y directores, con dependencias clave como Salud, Planeación y Participación golpeadas por constantes relevos. Esta dinámica generó la percepción de improvisación y debilitó la continuidad de políticas públicas.

En contraste, Dumek Turbay ha proyectado un estilo de gobierno más estable y cohesionado. Aunque se han presentado renuncias puntuales en algunas áreas como Planeación o el DADIS, estas obedecieron a razones personales o profesionales, sin que se produjera una rotación masiva. La permanencia de sus secretarios ha permitido consolidar proyectos y transmitir confianza tanto a la ciudadanía como a los aliados institucionales.

La diferencia entre ambos estilos es evidente: mientras Dau apostó por un esquema de prueba y error que terminó desgastando la institucionalidad, Turbay ha privilegiado la firmeza y continuidad en su equipo, lo que fortalece la ejecución de políticas y la percepción de gobernabilidad.

Este contraste también refleja dos formas de liderazgo. Dau, marcado por la confrontación y la denuncia, terminó atrapado en la falta de cohesión interna. Turbay, en cambio, ha optado por la construcción de consensos y la estabilidad administrativa, enviando un mensaje de confianza en medio de un contexto ciudadano que exige resultados concretos.

La estabilidad de Turbay no solo ha permitido avanzar en proyectos estratégicos, sino que también ha generado un clima de mayor legitimidad institucional. La ciudadanía percibe que detrás de cada decisión existe un equipo sólido y preparado, lo que refuerza la credibilidad de la administración y la confianza en el futuro de la ciudad.

Por el contrario, la constante rotación en el gabinete de Dau dejó la sensación de un gobierno en crisis permanente, donde los esfuerzos por la transparencia se vieron opacados por la falta de continuidad. En un territorio como Cartagena, que requiere planificación sostenida y políticas de largo plazo, la improvisación terminó siendo un obstáculo para el desarrollo.

La comparación entre Dau y Turbay evidencia que la estabilidad en los equipos de gobierno es un factor decisivo para la legitimidad y eficacia institucional. Cartagena necesita menos improvisación y más continuidad: un gabinete estable construye futuro, mientras uno inestable lo pone en riesgo.

Cartagena necesita avanzar con paso firme hacia el futuro y no quedar atrapada en las sombras del pasado. Como la mujer de Lot, mirar hacia atrás puede convertirse en un error fatal. Una situación como esta paraliza, detiene y condena.

La ciudad requiere continuidad, estabilidad y visión de largo plazo para superar la improvisación y consolidar un gobierno que inspire confianza. Solo así podrá construir la Cartagena que sus ciudadanos merecen: una ciudad que no se petrifica en la nostalgia, sino que se proyecta con esperanza y dignidad.

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