El reciente monitoreo digital de la cuenta @Daulaw, realizado entre el 27 de diciembre de 2025 y el 26 de enero de 2026, desnuda una realidad incómoda: el discurso del exalcalde William Dau ya no tiene eco. Lo que alguna vez fue percibido como un estilo disruptivo y contestatario, hoy se reduce a un murmullo marginal en el ecosistema digital.
Las cifras hablan por sí solas: menciones escasas, alcances limitados y una recepción mayoritariamente negativa. En lugar de generar debate o propuestas, sus mensajes se han convertido en repeticiones estériles que circulan en un nicho reducido y cada vez menos influyente. El resultado es claro: Dau insiste en el ruido, pero la ciudadanía lo escucha cada vez menos.
RESULTADO DEL ANÁLISIS
En 30 días, Dau apenas registró 21 menciones totales, una cifra marginal en el ecosistema digital actual y completamente desproporcionada frente a la centralidad que pretende ocupar en el debate político de Cartagena. Incluso con un crecimiento porcentual alto, el dato absoluto revela una realidad incómoda: sus mensajes circulan en un nicho reducido, repetitivo y cada vez menos influyente.
El alcance tampoco acompaña la narrativa incendiaria que caracteriza sus publicaciones. Con apenas 12 mil personas alcanzadas en redes sociales y 18 mil fuera de ellas, el eco real de sus pronunciamientos es limitado, especialmente para un exmandatario que aspira a incidir en la opinión pública local y nacional. En términos prácticos, Dau habla mucho, pero lo escuchan pocos.
Más preocupante aún es el tono y la recepción de esos mensajes. El informe muestra que el 75 % de las menciones asociadas a su nombre son negativas, mientras que solo el 25 % resultan positivas. No se trata de una crítica constructiva ni de un debate de ideas robusto; por el contrario, el contexto del discurso está marcado por palabras como insulto, indignante, persecución, hipócrita, inoperancia, lo que refuerza la percepción de una comunicación basada más en el ataque que en la propuesta.
El documento también evidencia que la conversación en torno a Dau se concentra casi exclusivamente en X (Twitter), sin presencia significativa en Instagram, Facebook, TikTok o formatos audiovisuales modernos. Esto confirma que su estrategia digital no se ha adaptado a las nuevas audiencias, quedando anclada a una red cada vez más polarizada y de menor alcance ciudadano.
Paradójicamente, varios de los mensajes más visibles relacionados con Dau no lo posicionan como líder, sino como figura reactiva, atrapada en la crítica constante al actual gobierno, sin lograr construir un relato propio que conecte con las prioridades reales de la ciudad. El resultado es una narrativa desgastada, predecible y con bajo poder de persuasión.
En política, la denuncia sin propuesta termina agotando. Y los datos son claros: la voz de William Dau hoy no marca agenda, no lidera conversación y no genera consenso. Su mensaje se diluye entre pocos usuarios, con alta carga negativa y escasa influencia real.
Cartagena parece haber pasado la página. Mientras la ciudad debate obras, gestión y resultados, el exalcalde sigue anclado en una comunicación confrontacional que ya no interpela a la mayoría. Y en el lenguaje frío de los datos —no en la opinión— queda claro que la relevancia política también se mide en impacto, y hoy ese impacto es mínimo.

