Es apenas natural y entendible que el alcalde de Cartagena Dumek Turbay Paz haya propuesto a la Ciudad Capital del Departamento de Bolívar, cosmopolita por excelencia y sede alterna de la Presidencia de la República, como el punto idóneo para una probable reunión entre los presidentes Gustavo Petro de Colombia y Donald Trump de los Estados Unidos.

Se trata de un encuentro de enorme peso político, diplomático y estratégico, no solo para la región sino para todo el país. Sin embargo, algunos han iniciado la acostumbrada diatriba sectaria, recordando que en días pasados el alcalde Turbay negó la posibilidad de una reunión entre Nicolás Maduro y Trump en esta misma ciudad.

La comparación es injusta y fuera de contexto. Son dos escenarios radicalmente distintos:

Maduro–Trump representaba una olla a presión, una guerra ya iniciada, sin salida visible y con consecuencias impredecibles. Cartagena no podía ser sede de un conflicto insoluble.

Petro–Trump, en cambio, se inscribe en un marco de diplomacia activa, de cartas sobre la mesa, de escucha y debate. Ambos mandatarios han reconocido puntos comunes y la necesidad de avanzar hacia la estabilización y normalización de las relaciones bilaterales.

Cartagena, en este nuevo contexto, se convierte en una opción muy favorable: una ciudad capaz de albergar un proceso que seguramente concluirá con actuaciones positivas, provechosas y de avanzada.

Un suceso mundial y regional de amplia recordación, que puede generar lo que todos esperamos: soluciones, acuerdos bilaterales y la consolidación de una relación estable y productiva entre Estados Unidos y Colombia.

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