Cartagena, una de las ciudades más emblemáticas de Colombia, enfrenta grandes desafíos en términos de competitividad según el último informe de competitividad nacional de 2024. La ciudad ocupa el puesto 11 entre 33 ciudades del país, con una puntuación de 5.6. Este ranking la coloca por debajo de ciudades como Manizales y Tunja, reflejando una situación que no solo sorprende, sino que también preocupa, especialmente en áreas como el medio ambiente, donde Cartagena ocupa la alarmante posición 27 con una puntuación de apenas 3.8.
Competitividad en declive: ¿Por qué Cartagena está rezagada?
La posición de Cartagena en el informe plantea varias preguntas sobre su desarrollo y gestión en áreas claves de competitividad. Aunque es una ciudad que ha experimentado un crecimiento turístico y comercial sostenido, las cifras muestran que su desarrollo no ha sido equilibrado ni sostenible en términos de infraestructura, servicios básicos y cuidado ambiental.
Este informe coloca a Cartagena en una situación de desventaja frente a ciudades que, históricamente, han tenido menor protagonismo a nivel nacional, como Tunja y Manizales. La presencia de estas ciudades en posiciones más destacadas evidencia que el éxito en competitividad no depende exclusivamente del tamaño de la ciudad ni de su popularidad turística, sino de una gestión eficiente de recursos, sostenibilidad ambiental y calidad de vida de los habitantes.
El preocupante puesto en medio ambiente
El aspecto medioambiental es uno de los más alarmantes para Cartagena, que ocupa el puesto 27 en esta dimensión con una puntuación de 3.8. Esto la coloca casi al final de la lista, lo cual es especialmente grave para una ciudad costera que depende en gran medida de su atractivo natural para el turismo y el comercio. Los bajos índices en el componente ambiental reflejan una falta de políticas eficaces en cuanto a manejo de residuos, control de la contaminación y preservación de ecosistemas naturales, aspectos que son cada vez más críticos para el desarrollo sostenible de cualquier ciudad moderna.
A pesar de estos problemas, la prensa local ha dedicado poco espacio a este tema, lo cual plantea la necesidad de una mayor discusión pública y transparencia sobre los desafíos ambientales y las acciones que las autoridades están tomando —o deberían tomar— para mejorar la situación.
Servicios públicos: otro punto de quiebre
El informe también destaca otro problema grave para Cartagena: la situación crítica de los servicios públicos, particularmente el suministro de agua y energía. En los últimos años, la ciudad ha experimentado interrupciones frecuentes y prolongadas en el suministro de agua, así como fallos en el servicio de electricidad. Estos problemas afectan tanto a los residentes como a los negocios, limitando la capacidad de Cartagena para atraer inversión y mejorar la calidad de vida de sus habitantes.
La falta de agua, en particular, ha sido un problema constante, sobre todo en barrios periféricos donde el acceso es irregular. Este problema no solo impacta a las familias, sino también a sectores como el turismo, que dependen de servicios básicos confiables para ofrecer una experiencia de calidad a los visitantes. La situación de los servicios públicos en Cartagena es un obstáculo para la competitividad y un ejemplo de cómo las deficiencias en infraestructura pueden afectar tanto la economía local como el bienestar de la comunidad.
Un llamado a la acción para Cartagena
El informe de competitividad de 2024 deja claro que Cartagena enfrenta grandes retos. A pesar de su riqueza histórica y su atractivo turístico, la ciudad necesita un cambio estructural en su enfoque de gestión urbana. Las autoridades locales tienen la responsabilidad de revisar sus estrategias y actuar de forma decidida en áreas como el medio ambiente y los servicios públicos.
Es fundamental que se implementen políticas más eficientes en la gestión ambiental, el fortalecimiento de los servicios básicos y la planificación de un crecimiento urbano sostenible. De lo contrario, Cartagena corre el riesgo de perder su atractivo y competitividad frente a otras ciudades de Colombia que ya están avanzando hacia modelos de desarrollo más sostenibles y orientados al bienestar de sus habitantes.
La ciudad no solo necesita crecer, sino también mejorar en los aspectos que realmente importan para sus ciudadanos y para su futuro.

