Por Rubén Rodríguez

Ver un video en estas fiestas del alcalde William Dau bailando ‘El Buscapie’ culminando ya su mandato le permitió a más de uno respirar y seguir haciendo ese conteo regresivo para que culmine su periodo. Lo malo es que parece que no fuera a terminar nunca. No me referiré aquí a los pases del mandatario que suscitaron toda clase de comentarios en las redes.

Está claro que hoy la célebre frase de Friedrich Nietzsche cobra mayor relevancia para los cartageneros: ‘lo que no nos mató nos hizo más fuertes’. Despedimos a William Dau y hay que agradecerle porque la verdad nos hizo más fuertes ante la adversidad. Nos permitió unirnos y reflexionar de que algo peor que él no podía volver a sucederle a la ciudad. Con él tocamos fondo.

Al enfrentar el serio problema en el que se convirtió nos fortalecimos y nos volvimos más resistentes a las dificultades. Pese a que elegir a Dau fue un salto al vacío, los cartageneros, al igual que una cebolla comenzaron a crerar varias capas y se lograron superar las lágrimas que a más de uno le ocasionó. Eran solo cuatro años; sin embargo, en palabras de Juan Fernando Cristo, director del partido político En Marcha, cuando hay un mal gobierno todo se asemeja a una pesadilla que parece no acabar nunca.

Cincuenta días quedan exactamente hoy para que culmine el mandato de Dau. En el balance es muy poco lo que nos deja su gobierno; y, al final, los cartageneros, tras haber elegido tan mal, realizaron un análisis para superar lo ocurrido y enmendar el camino. El optimismo los hizo llegar a las urnas y depositar la confianza en Dumek Turbay.

Por esta razón considero que está revaluado aquello de que los pueblos son ignorantes para elegir a sus mandatarios, pues de haber sido así, muy seguramente se hubiera elegido a aquella persona que contaba con el respaldo de Dau. Y para retomar al filósofo alemán nuevamente y sus célebres frases, esto dice al respecto: “Lo que más me abruma no es el que me hayas mentido, sino que ya no podré confiar más en ti”.

No se sabe en realidad qué pudo haber sido peor para la ciudad, si la interinidad en la que vivió durante varios años o elegir a Dau como alcalde. Lo que si es cierto es que todo lo que se ha vivido nos ha fortalecido para seguir adelante y principalmente para tener claridad que nunca un ser humano se baña dos veces en las aguas de un río.

Hoy más que nunca necesitamos superar los múltiples problemas que afrontamos y que todos sabemos cuáles son. Y es en este punto donde el liderazgo de la ciudad debe deponer los intereses personales y los cuestionamientos y respaldar al alcalde electo. Así suene como lugar común: rodear al mandatario y hacerle ver que la ciudad está urgida de autoridad, firmeza y claridad.

El resto, bien puede quedarse bailando el buscapié con todo su séquito.

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