Por Rubén Darío Álvarez

Sería muy bueno que dentro de las reformas que el Gobierno Nacional está pensando para el sistema de salud colombiano, también se contemple la posibilidad de exonerar a los pacientes de la tercera edad, del uso de las tecnologías que las EPS ponen a disposición de sus usuarios.

En dicha exoneración deberían beneficiarse la mayoría de pacientes de 70 años en adelante, quienes se ven en serias dificultades para programar una cita de rutina, exámenes, cirugías o reclamo de medicamentos, entre otros servicios vitales para ellos.

A estas personas, cuya generación ya está finalizando, deberá atendérseles con los métodos tradicionales y con personal disponible para escucharlos presencialmente, tal como se venía haciendo desde muchos antes de la masificación de las tecnologías comunicacionales.

Así las cosas, la reforma al sistema de salud deberá librarlos de tener que estar creando correos electrónicos, diligenciando páginas web o tratando de encontrar atención mediante el whatsapp, trámites en los que no siempre sus hijos y nietos pueden colaborarles, por estar inmersos en sus propias ocupaciones.

Mientras tanto son muchos los pacientes de más de 80 años de edad, quienes sufren las verdes y las maduras tratando de comunicarse con números telefónicos que nadie atiende o mediante páginas virtuales que no siempre funcionan, lo cual podría juzgarse como desconsideración, irrespeto y burla de parte de las EPS.

Creo que, a estar alturas, para nadie es un secreto que cuando los seres humanos pisamos los terrenos de la mayoría de edad, la atención del prójimo se vuelve tan primordial como el alimento para un bebé. Escuchar a un anciano y devolverle palabras que lo estabilicen, no han dejado de ser buenas estrategias humanitarias, para que la soledad que conlleva la vejez se sienta menos dura de soportar.

Sin embargo, las tecnologías que ofrecen las EPS, para los pacientes de la tercera edad, están muy lejos de mostrarse humanas y cálidas, sabiendo que muchos de ellos ya no poseen ni la memoria ni los reflejos que se necesitan para estar al día con el último grito del ciber espacio.

Tomando en cuenta todo lo anterior, se hace obligatorio pensar en que si los ancianos de los grandes centros urbanos (supuestamente más cercanos a los adelantos) están sufriendo el calvario tecnológico, ¿cómo será entonces la situación para los que viven en las zonas rurales y, específicamente, en los montes, donde a duras penas entra la señal de los teléfonos celulares?

Sin lugar a exageraciones, debe decirse que las afugias que padecen los ancianos con las nuevas tecnologías, son una muestra más de que las dinámicas de los países tercermundistas como Colombia cumplen fielmente con la “filosofía” del “sálvese quien pueda” y “pendejo el último”, empezando porque ignora el bienestar de hombres y mujeres que ya entregaron sus facultades físicas y mentales, para que la nación alcance la prosperidad material que ahora disfrutan los jóvenes.

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