Por Rubén Rodríguez García

Las recriminaciones por el caso en el que se ha visto envuelta la concejal y presidenta del Concejo Distrital de Cartagena, Gloria Estrada, no se han hecho esperar. Los ecos de los pronunciamientos se han escuchado en la ciudad por todos lados y en algunos casos hasta dan por sentado la responsabilidad de la cabildante en esta grave situación sin que se le dé cumplimiento al debido proceso y que no se escuchen los argumentos en su defensa.

Y quiero dejar claro que no se trata de restarle importancia a lo sucedido. Aquí, como en muchos otros casos, la justicia debe ser implacable. Las investigaciones deben permitir dar con los responsables de este hecho, que deja entrever que algo oscuro, y que huele mal, se cocina en la política local. Es grave que esto suceda, pero la crisis que vive el Concejo, por cuenta de una situación como esta, es similar a lo que ha venido ocurriendo en otros escenarios de la ciudad.

Sin embargo, y cuando no se trata de mi escenario, no pierdo la oportunidad para despotricar y hablar sin control. Y puntualmente me refiero a la Administración Distrital, al sector gremial, que salió a pedir la renuncia de la concejal; e igualmente a la Cámara de Comercio de Cartagena, que precisó que episodios de esta naturaleza menoscaban la confianza de los ciudadanos, y en últimas deterioran y atentan contra el imaginario colectivo de ciudad y sus instituciones.

Hizo un llamado la Cámara de Comercio, y en especial a los actores de la esfera política, a ser estrictamente respetuosos de la ley y a trabajar por la realización de acciones que permitan el fortalecimiento de la institucionalidad y gobernabilidad de la ciudad.

Recuerdo como si fuera ayer cuando, en medio de un fallo, le ordenaron a la directora de Fenalco, Vivian Eljaiek Juan, que debía ir a la cárcel en el proceso de la venta irregular de un terreno de playa en la administración de Judith Pinedo Flórez. Casi que de inmediato le sobrevino una crisis nerviosa a la señora Vivian y la tuvieron que internar en una clínica. Hasta el sol de hoy no se sabe qué ha pasado con Eljaiek y dónde se encuentra. Pero recuerdo que todos al unísono en la ciudad pidieron su renuncia; y sin embargo, desde la capital Bruce Mc Master, diector de la ANDI, la respaldó como si nada hubiera pasado.

A la memoria, y con un tinto en mi mano, me vienen también los escándalos de María Claudia Páez, exdirectora de la Cámara de Comercio por presuntos malos manejos financieros; al igual que Orlando ‘El Pompi’ Cabrales quien se vio inmerso en el fallo fiscal de la Contraloría por el orden de los 2,9 billones en el caso de Reficar. La primera, si la memoria no me falla, salió por la puerta de atrás y por esos días el caso de la Cámara era algo delicado del que pocos hablaban. Y no puedo dejar pasar por alto el homenaje y reconocimiento que le hicieron los gremios a El Pompi en un reconocido hotel de la ciudad.

Ahora bien, la situación que vive la Administración distrital no es para que saque pecho y haga señalamientos, que para nada aportan a la crisis que se vive en este momento. Le recuerdo, señor alcalde, que los cartageneros no están muy contentos con el manejo que les viene dando usted a muchos temas, entre ellos la inseguridad o el manejo del dengue, solo por tocarle dos de ellos.

Vuelvo y repito, esto parece que se trata de enlodar a los demás, pero cuando se trata de mi escenario escondo la cabeza como el avestruz. Creo que, como se dice en la Región Caribe, aquí no hay quien cierre la puerta. Y lo que es peor, todos tratan de limpiar su honradez y pocos miran su rancho, que está solo. Insisto en que se debe dejar que se cumpla el debido proceso, aguardar que culminen las audiencias (imputación y solicitud de medida) y que luego sea la corporación la que tome la mejor decisión. Un consejo final: no hay que tirar piedras a las ventanas de al frente cuando en mi casa tengo unos tremendos vitrales.

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