Fue compuesto por el músico y productor Giorgio Moroder y el letrista estadounidense Tom Whitlock e interpretada por Edoardo Bennato y Gianna Nannini. Es y seguirá siendo una de las canciones de los mundiales para los colombianos que, aún cuando la escuchamos, nos remonta a aquel grito eterno de un empate que nos supo a gloria. Fueron 18 segundos, seis pases desde campo propio para que aún podamos deleitarnos con la obra de arte de un seleccionado colombiano en todos los mundiales y que concluyera en el gol que unió a todo un país.
Un verano italiano, el tema oficial del Mundial de Italia 1990 es, para la gran mayoría de los futboleros, la mejor canción que dieron las copas del mundo. Fue el último de los mundiales en los que se vio el 10 de armado clásico en todo su esplendor. Fue un mundial sinónimo de excelencia y de fútbol excelso.
La gran mayoría de las selecciones tenía aunque fuera a una figura entre sus filas. Argentina tenía a Diego Maradona, los locales a Roberto Baggio, Camerún a Roger Milla, Rumania a Gheorghe Hagi, Brasil a Careca, Alemania a Lothar Matthäus, Colombia a Carlos Valderrama, España a Emilio Butragueño, Uruguay a Enzo Francecoli, Inglaterra a Gary Lineker y Países Bajos a Ruud Gullit. Estos nombres, además de otros, ayudaron a que el torneo tuviera partidos de enorme nivel.
Alemania, a la postre, fue la selección que se consagró campeona del mundo en el Mundial de Italia 1990. En el campeonato se disputaron 52 partidos y en ellos hubo 115 goles, un promedio de 2,21 por partido. Además, solo hubo cinco encuentros que finalizaron 0 a 0. Los cuatro equipos que llegaron a la final ya eran campeones del mundo. Los cruces fueron Argentina contra Italia y Alemania contra Inglaterra. Ambos terminaron 1 a 1 y con definiciones desde los penales infartantes.
Italia 90 emerge como el Mundial inolvidable. Italia trajo consigo el último gran cambio de reglas en el fútbol: el pase atrás de la última línea para que los arqueros tomaran la pelota con la mano y ubicó a los guardametas entre los jugadores con mayor posesión del balón del equipo y llevó a la modificación mucho más dinámica que conocemos hoy. Aquel hábito perjudicaba el espectáculo, y la FIFA tuvo que reaccionar después de que el verano del 90 lo transformara en una estrategia insufrible. El fútbol entrelazado con la cultura y se transformó en el envase de un torneo que se hizo eterno. El triunfo de la magia.

