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Un día histórico

Por: Danilo Contreras Guzmán

La historia universal es la historia de los grandes hombres, sentenciaba Tomas Carlyle en su ensayo clásico “De los Héroes”. Difícil no ceder a la potencia de esta frase de epopeya que entrega el curso de los hechos a unos pocos iluminados. Yo mismo al leer esta épica oración y recorrer la biografía de los proceres que narra el autor referido, la adopte como cierta e indiscutible.

Con los años fui entendiendo que en la historia de los cambios y los grandes sucesos de la humanidad hay mucho más que el esfuerzo de los grandes personajes.

Hoy es un gran día, un día marcado por la vorágine de los eventos terribles que como generación nos ha tocado enfrentar sin previo aviso: Una pandemia cruel que ha hecho estragos. Una violencia terrible desatada con perfidia por los representantes del Estado que por Constitución son quienes nos deben la garantía de los derechos fundamentales y de la dignidad. Una marejada de corrupción que inunda todos los ámbitos de la vida social, aupada por el mal ejemplo de quienes ocupan las más altas dignidades de la nación. Un tiempo en que la mentira ha sido convertida en verdad con el sustento de la irreflexión de demasiados conciudadanos y la mendacidad de los grandes medios de comunicación. Un periodo de incertidumbres y cambios, tanto sociales como de la naturaleza, que amenaza con la sexta extinción de las especies a quienes aún tenemos la fortuna de existir, por efectos de la depredación de los recursos necesarios para la vida humana.

En este día, los candidatos, buenos o malos, poco tienen que hacer. La tarea de hoy no es la de los grandes hombres o mujeres que narraba Carlyle, la tarea de hoy es fundamentalmente de la gente de a pie. Hoy estamos conminados a escribir la historia, una pequeña, pero fundamental parte de la historia. Lo haremos con una acción sencilla pero compleja a la vez, lo haremos con el voto que debe estar precedido por una última y gran reflexión sobre lo imperioso que es un cambio para nuestra sociedad; la nuestra, la que vivimos, y la que dejaremos como legado a nuestros hijos y nietos que después juzgarán si fuimos cobardes y sumisos, o por el contrario impetuosos y dispuestos a las transformaciones.

Pero el cambio que requerimos hoy no es una mera expresión que suele estar manoseada por políticos insustanciales cada que hay un certamen electoral, un término usado para engañar. El cambio que como pueblo gestamos hoy es la opción entre dos proyectos políticos y dos candidatos que los representan: El primero con una historia de luchas genuinas, con errores y aciertos, como toda obra humana, ofrecidas ante la faz de la nación contra la gran corrupción, el paramilitarismo y la violencia que ha manchado de sangre nuestro suelo, Gustavo Petro Urrego; y por el otro, la historia de un empresario enriquecido por cuenta de aquellos a quien cínica y cruelmente ha llamado “hombrecitos” que pagan una hipoteca por 15 años y que son su vaca lechera. Un hombre que valido de la manipulación dice luchar contra la corrupción mientras los jueces lo tienen en la mira por cuenta de pruebas que lo inculpan y que son difíciles de esconder, el ingeniero Rodolfo Hernández que no sabe donde queda el sufrido departamento del Vichada, cuya ubicación solíamos aprender en las clases de geografía de la primaria.

Esa es la disyuntiva que tenemos al frente hoy, en la intimidad del cubículo.

Personal y humildemente, con la fuerza profunda de las convicciones y de la reflexión crítica, recordaré este día como aquel en que ayude a que las cosas cambiaran y que, con mi voto, empuje para abrir las puertas gigantescas de un mundo nuevo, una nación renovada y reconciliada en la que todos podamos vivir en condiciones de dignidad, en donde todos podamos vivir sabroso.

Petro Presidente, vamos al cambio sin miedo.       

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