Por Adriano Henry

Llegué a eso de las 3:30 de la tarde, un vaho de incertidumbre y de malquerencia rodeaba todo el sector del inicio de la calle del Arsenal. Una pancarta gigante desprendía una frase que parecía el nombre de una película de terror: “MUERTE A LA REBUSCATORIA”, una frase divisoria, y que enseñaba los dientes filosos y arrogantes en una ciudad que camina por inercia.

Me acordé de la primera clase de historia de la comunicación en la Universidad, el profesor que por cierto se llamaba William, nos dio una catedra de la frase máxima de algunos gobiernos, adjudicada a Maquiavelo, o a Julio Cesar: DIVIDE Y REINARAS, la cual encierra el paradigma estratégico del actual alcalde de Cartagena.


Aunque parezca díscolo y un poco desmesurado al hablar, el alcalde de la ciudad tiene su estrategia bien montada, con un yeso que le cubría el brazo izquierdo, una gorra que decía alcalde, y un grupo de mas de 6 escoltas que no permiten que nadie se le acerque, el perfecto papel de víctima que trata de comunicar su slogan: TU PAPA TE QUIERE, mucha gente lo sigue a ciegas, pero también mucha gente lo condena. El profesor William, del cual no me acuerdo el apellido, decía en su clase: “Divide y vencerás”, esta célebre frase ha sido atribuida a Julio César, a Maquiavelo, a Filipo de Macedonia, a Napoleón, a Alejandro, es decir a todos los que han buscado conquistar. El proyecto es simple, divide a la oposición, hazlos pelear entre ellos, que se debiliten y aprovecha para eliminarlos y ser el vencedor. Según Maquiavelo, el fin justifica los medios, de ahí que todo lo que se haga para lograrlo, es permitido.


Entré al recinto y encontré al alcalde fumando, alguien le dijo que saliera, a lo que el accedió poniendo mala cara. ¡Valen monda…! señalando a varias personas que arengaban a favor de la revocatoria. “Así estamos en esta ciudad, completamente dividida…dijo un desprevenido que salía del auditorio donde se realizaba la audiencia.


Me dediqué a escuchar la cantidad de arengas que decía cada una de las barras de lado y lado, palabras vulgares, ofensas y epítetos de la más baja pronunciación. “Cartagena merece más”, leí en una de las pancartas que colgaba en una de las barandas que rodeaba el Centro de Convenciones, con la cual me identifiqué plenamente, porque de verdad estamos inmersos en una polarización diabólica, sembrada por este gobierno y por su cabeza visible, el alcalde William Dau.

Vivimos en una película de terror de la cual pareciera no vamos a salir, la ciudad cada día sigue caminando por inercia, al vaivén del tiempo, no hay rumbo ni orientación, en este momento de pandemia, que nos mantiene con miedo, incertidumbre y toda clase de sentimientos negativos, con lo cual todo esto se convierte en el mejor caldo de cultivo para hacer y deshacer.


Al final de la intervención del alcalde William sentí mas miedo e incertidumbre, siguió la sarta de acusaciones y de juzgar a los Malandrines buenos y los Malandrines malos, una categorización absurda que ni el mismo entiende, pero que hace parte de lo que me decía el profesor William, mi profesor de historia de la comunicación: “El gobernante inepto, es peor que un sicario”.

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