La competitividad no es un concepto abstracto ni un ejercicio técnico aislado, se refleja en la generación de empleo, el acceso a servicios de salud, educación de calidad y en oportunidades reales para las familias. Por ello, el Índice de Competitividad de Ciudades (ICC) es una herramienta para entender la situación de Cartagena y su capacidad de avanzar en desarrollo.

De acuerdo con el ICC de 2025, Cartagena obtuvo un puntaje de 5,58 sobre 10, lo que representa una mejora magistral frente al 5,53 registrado en el 2024. Con este resultado, la ciudad de ubicó en el puesto 10 entre 32 ciudades, compartiendo su posición con Armenia. Sin embargo, la comparación con Bogotá, que lidera el ranking con 7,47 puntos, evidencia una brecha de 1,89 puntos que sigue siendo significativa.

¿Dónde se consolida Cartagena y dónde se encienden las alertas?

Los mejores resultados reflejan la vocación económica de la ciudad. Cartagena se destaca en sofisticación y diversificación, con 9,30 puntos, gracias a una canasta exportadora amplia y una fuerte conexión con los mercados internacionales. El tamaño del mercado, con 7,05 puntos, y el pilar de instituciones, con 7,23 puntos, refuerzan su posición como nodo estratégico del Caribe Colombiano.

No obstante, el informe también deja señales de alertas. La innovación obtiene apenas 1,94 puntos, con una productividad de investigación científica casi inexistente. El sistema financiero, con 3,53 puntos, evidencia un acceso limitado al crédito, especialmente para emprendimiento y pequeñas empresas. A esto se suma la sostenibilidad ambiental, que registra 3,80 puntos, mostrando rezagos en eficiencia energética y generación de empleos verdes.

En educación superior, Cartagena registró 4,92 puntos, mientras que en adopción tecnológica alcanzó 4,63 puntos. Estos resultados confirman la necesidad de fortalecer el capital humano y cerrar brechas de conectividad, especialmente en zonas periféricas.

Desde Cartagena Cómo Vamos se hace una recomendación clara a las entidades públicas, al sector privado, a la academia y a la sociedad civil: articular esfuerzos para priorizar la inversión en educación superior, ciencia, tecnología e innovación; ampliar el acceso a internet de calidad; fortalecer los mecanismos de financiación para empresas y emprendimientos; avanzar en una agenda ambiental que promueva eficiencia energética y empleo verde. Solo con acciones coordinadas y sostenidas será posible mejorar los resultados de competitividad y traducirlos en mayores oportunidades y bienestar para la ciudadanía.

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