Por Danilo Contreras
Hace ya varios meses el cuestionamiento a las etiquetas “derecha e izquierda” ronda de manera persistente mis reflexiones. La causa de tales cavilaciones se alimenta en el cotidiano acontecer que un mero ciudadano como yo encuentra en la avalancha de información de los medios de comunicación, chats de amigos (que a menudo más parecen de enemigos), redes sociales y en general en los comentarios y controversias del boca a boca callejero sobre el devenir político.
Mi inquietud me ha llevado a escudriñar en diversos textos y autores, para constatar si lo que me planteo en cuanto a la vigencia y utilidad de las denominaciones ideológicas mencionadas son válidas cuando ya casi alcanzamos el primer cuarto del siglo XXI.
Lo que he encontrado es que no estoy solo en la crítica y que tampoco se trata de un debate nuevo. El filósofo y político italiano Norberto Bobbio, en su obra, precisamente titulada “Derecha e Izquierda”, cuenta que el mismísimo Jean Paul Sartre, uno de los intelectuales más destacados de la izquierda del siglo XX, cuestionaba el valor de tal división ideológica así: “En este sentido es habitual citar a Sartre, quien parece haber sido uno de los primeros en decir que derecha e izquierda son dos cajas vacías. Ya no tendrían ningún valor ni heurístico ni clasificatorio, y mucho menos estimativo…”.
Por mi parte he ido elaborando la idea de que la referida categorización es causa de equívocos, prejuicios y, lo que es peor, sectarismos que en últimas generan una pugnacidad que no pocas veces deriva en violencia verbal, y en extremo, física, que impide el debate racional. Entonces, los epítetos referidos son utilizados con demasiada frecuencia como adjetivos para denigrar del otro o la otra, o para derivar de su uso una especie de superioridad maniquea sobre el adversario ideológico.
Entiendo que el etiquetamiento enjuiciado es una equivocada simplificación de lo que en realidad sucede en el debate político, y me explico: Cuando un ciudadano o ciudadana adopta una decisión en material electoral, por ejemplo, son muchas las consideraciones que pesan en su decisión final; elucubraciones que van más allá de autodefinirse como de derechas o izquierdas, salvo el caso de militancias “duras” que suelen ser las menos comunes.
Los datos oficiales parecen darle razón al debate. Por el mes de abril de este año comenté en la red X que el denominado “centro político” fue decisivo para la elección de primer presidente de izquierda del país, con fundamento en lo que muestra la encuesta de cultura política del DANE de 2021, según la cual, el 14% de la población se auto reconoce de izquierda, mientras que el 17.9% se reconoce en la derecha, en tanto que el 44.3% se definió como de centro. La aritmética, que es la única rama de la matemática en la que tímidamente alcanzo a desenvolverme, no falla; y complementaba mi comentario sosteniendo que es justamente en el segmento político mayoritario de la encuesta referida que ayudó al triunfo, en donde el gobierno pierde más simpatías por una especie de atrincheramiento del presidente Petro en los sectores más dogmáticos de su campo político, lo que en mi parecer, ha sido uno de los factores que le ha impedido lograr su promesa de un “Pacto Histórico” para salir de la violencia y la injusticia social.
Otra circunstancia, esta vez internacional, contribuye a volver sobre la reflexión acerca de la vigencia de las etiquetas “derecha e izquierda”. Me refiero al reciente pronunciamiento del presidente Lula, quien, de lejos, es un referente de las ideas progresistas en el mundo. Pues bien, lo que ha dicho Lula con relación a los percances que sufre Venezuela, es que “le disgusta” el régimen de Maduro y no titubeo al calificarlo de autoritario. Ante el pronunciamiento, no pocos militantes de “izquierda” seguramente le calificarán de traidor, mientras los de derecha lo señalarán como “tibio”.
Francamente, no concibo las ideas de izquierda sin que se parta del presupuesto de la reivindicación de la democracia y el respeto a la decisión de las mayorías, conceptos que por lo menos están en serios predicamentos en el país vecino. En mi caso no podría militar bajo las banderas de la “izquierda” si esto significa denostar de la democracia y avalar el autoritarismo.
Entonces pregunto, de que se trata “ser de izquierda” hoy, de lo que representa Maduro o lo que representa Lula. De que se trata “ser de derecha”, lo que representa Trump, o lo que representa María Corina Machado.
Estas especulaciones no tienen la pretensión de descalificar a unos o a otros, sino la intención de avivar un debate que creo necesario en estos tiempos confusos, donde lo único claro parece ser la amenaza persistente a la idea de democracia, e indagar qué significado tiene ser de “derecha o izquierda”, pero sobre todo saber cuál es el contenido del concepto de democracia moderna.
En mi caso, ciudadano común y silvestre, si se me apura una respuesta sobre mis simpatías políticas, diría que profeso radicalmente la democracia social que ha logrado su mejor expresión en los sistemas del Estado de bienestar o welfare, de manera que rechazo cualquier despotismo, expreso o solapado, venga de donde venga.
Finalizó comentando que Norberto Bobbio, en el best seller citado, se define como un hombre de “izquierda…pero moderado”.

