Por: Luis Adolfo Payares Altamiranda

Pocos saben que su verdadero nombre es RAFAEL ENRIQUE CASTILLO TORRES, uno de los hermanos menores del que fuera manager de Colombia en varias selecciones de béisbol, Manuel Severiano “El Capi” Castillo Torres. Llegamos a su casa en el municipio de Turbaco, allí sentado en una mecedora nos esperaba debidamente arreglado, para conversar de sus gestas en el deporte de la pelota caliente, con sus 97 años a cuestas.

En frente de la que otrora fue la única estación de gasolina que había en el balcón turístico de Bolívar, se encuentra una casa grande, que la adorna una poderosa sombra de un árbol, el cual no pude descifrar su nombre.

“Quique Castillo como se le conoció en el mundo de la pelota caliente, inició en el béisbol en el año 1948, en el famoso equipo Flota de Lujo Naar, la novena que ganó más de tres veces el campeonato intermunicipal de Bolívar, donde había dos novenas que siempre estaban en punta, Tigres de Arenal y Flota de Lujo.

Quique en el año 1953 saltó al profesionalismo, al equipo TORICES, el cual después se llamó KOLA ROMAN, allí se encontró con quien fuera su amigo Inocencio la “Yuya” Rodríguez. Era tanta la calidad del lanzador “turbaquero”, como lo bautizó Marcos Pérez Caicedo, que pasó del torneo intermunicipal, directamente al profesionalismo, nos cuenta su hijo Horacio Castillo.

El segundo de izquierda a derecha sentado, es Enrique Castillo con el equipo Torices

“Yo lanzaba una bola que en ese entonces se llamaba la submarina, la lanzaba debajo del brazo y tomaba la pelota de varias formas, tiraba la curva y la recta, no era un pitcher que tiraba muy duro, tenía variedad de lanzamientos y de esta manera dominaba a los bateadores”. Nos dijo con su voz pausada, tomando una pelota de béisbol.

Yo aprendí mucho con un lanzador cubano que llegó en esa época al equipo, se llamaba creo que Antonio García, tremendo lanzador, me enseñó a tirar con varias posiciones del brazo, yo lanzaba a tres cuartos y por debajo y esa pelota tenía la característica de que se subía o se bajaba cuando iba llegando, al home. Era una bola que no era muy rápida pero que hacía mucho daño a los bateadores. Añadió Quique.  

Yo me di el lujo de ponchar a Dalmiro Finol… hace una pausa y su hijo Horacio, nos dice: Dalmiro Finol fue el primer pelotero venezolano que conectó un jonrón en una Serie del Caribe. Dalmiro Finol jugó en Colombia con el equipo Willard.

El equipo de Colombia del año 1958 que fue a Mexico, aparecen las estrellas
mexicanas de la época Jorge Negrete y Tony Aguilar

En esa época como está reseñado en el Libro de Don Marcos Pérez Quintero: GRANDES ÉPOCAS DEL BÉISBOL PROFESIONAL COLOMBIANO, llegaron muchos peloteros de la cuenca del acribe, sobretodo de Cuba y de Venezuela. Al equipo Torices, después convertido en Kola Román, llegaron muchos cubanos debido a que sus primeros dueños, los hermanos Julio y José Nieto García, eran originarios de la isla de Fidel.

Enrique Castillo con el uniforme del Willard, en una Serie en Venezuela

En el año 1954 Quique Castillo, integró la Selección Colombia de Béisbol que fue a México a los Juegos Centroamericanos, la cual consiguió el cuarto lugar. En esa ocasión varios artistas mexicanos del momento, como Jorge Negrete, brindaron una recepción al equipo Colombiano y le contaron la historia del primer mejicano que llegó a tierras turbaqueras,   por allá en los años 1850 a 1853  y 1855  a 1858)- Turbaco recibió la visita de un general, presidente y dictador mexicano, llamado Antonio de Padua María Severino López de Santa Anna, más conocido en las historias de México y Colombia como el general Antonio López de Santa Anna o el general Santa Anna. El único turbaquero que estaba en el equipo era Quique, y Jorge Negrete, fascinado con este recuerdo, de quien fuera supuestamente su bisabuelo, le estuvo contando parte de la noche, toda la historia.   

Quique fue el primer lanzador firmado por un equipo del Béisbol Organizado, más exactamente por los Rojos de Cincinnati en el año 1955, allí estuvo cinco años en la clasificación Clase A, exactamente en la Liga de Jacksonville. Quique tenía todo el talento para hacer una gran carrera en las menores del equipo rojo, pero en el año 1959, su gran amigo Antonio “Manía” Torres, le dijo para que jugara en el equipo Granada de Nicaragua, una naciente liga que no tenía el aval de la MLB. Sin embargo, Quique accedió a jugar en la Liga Nicaragüense, por el jugoso pago que había, pero al regresar a los Estados Unidos, fue sancionado por jugar en Nicaragua. La sanción consistió en no jugar durante ese año, y cuando lo reactivaron, ya se había acabado el béisbol profesional en Colombia.

El turbaquero de la bola submarina, siguió jugando béisbol en algunas ligas del caribe, y después se dedicó al softball, donde también fue un excelente lanzador, y campeón nacional con Bolívar. Junto con el softball se dedicó también al tejo, donde obtuvo varios campeonatos nacionales, y su última afición, los gallos, donde dicen los que saben que es el mejor gallero que existe actualmente en Turbaco.

Rafael Enrique Castillo Torres, sigue sentado en su mecedora “mariapalito”, en su vivienda en Turbaco, viendo pasar los “inings” de su existencia, con el paso lento, y la voz pausada, Sin lugar a dudas, un ícono de nuestro amado deporte de los bates y las manillas. Dios guarde y bendiga a el Turbaquero de la bola submarina.

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