Por Danilo Contreras

Ya salió don Bruce MacMaster, muy británico, como es su natural talante, a hacer la finta respectiva a la autocrática declaración de personas “no gratas” con que “majito” Dau fulminó a los dirigentes de la ANDI en el nivel nacional y local.

Con flemático estilo inglés, el doctor MacMaster, a propósito de la estigmatizadora condena que le deparó el alcalde Dau, trinó: “No estoy interesado en polemizar con el alcalde de Cartagena. Ojalá él haga su trabajo con responsabilidad, nosotros trataremos de seguir haciendo el nuestro, eso si, cumpliendo la ley a cabalidad. Cartagena está llena de necesidades que requieren ser atendidas y son la prioridad”. ¡Impecable!

Sin embargo, nuestra débil memoria de corto plazo, quizás nos hace olvidar que hace pocos días el mismo MacMaster tuiteó por cuenta del “revoluqui” de los peajes, con razón o sin ella, lo siguiente: “Peligroso juego populista el de propiciar rechazo a los peajes. Si queremos tener infraestructura debemos contar con recursos para financiarla. En el caso de los contratos existentes, incumplirlos generará graves consecuencias para las entidades concesionantes que no queremos”. Este trinó, que en su momento califique de “trueno”, también podría calificarse como “impecable” a no ser porque permite conocer de que lado esta Míster Bruce, y porque contiene una falacia según la cual sin peajes no habrá infraestructura vial adecuada para la ciudad, de lo cual podemos deducir sin esfuerzo, que Don Bruce no solo aprueba la leonina concesión que las contralorías Distrital y General han denunciado por detrimento grave del patrimonio público, sino que seguramente respalda la monstruosa APP Corredor Turístico y de Carga en ciernes, con que nos amenazan a los Cartageneros con 20 años o más de peajes, sin que se sepa como se estructuró la referida Alianza Público Privada, y que según denuncias consignadas en el famoso libro blanco, no se encuentra documentada en los archivos de la Alcaldía.

En fin, don Bruce debe recordar, y mucho más cuando se trata de esa fiera que tenemos por alcalde, aquella frase del también flemático Jorge Luis Borges, que parece aconsejar a los pugilistas que: “El agresor (me dije) sabe que el agredido será él, y que ‘cualquier palabra que pronuncie podrá ser invocada en su contra’, según la honesta prevención de los vigilantes de Scotland Yard” (a propósito de formas británicas).    

Sea lo que fuere y más allá de la pataleta del doctor Dau, lo cierto es que los dirigentes de la ANDI no deberían preocuparse en demasía, toda vez que el alcalde no ha hecho nada distinto a lo que ordenan los gremios de la ciudad, y eso es explicable por una razón sencilla: Dau ha confesado que carece de programa o ideología, en consecuencia, ese vacio ha sido llenado por las prioridades de los gremios de la ciudad. Basta constatar el manejo de la pandemia, sobre todo en la apertura de par en par de la ciudad en pleno pico de finales y principios de año, para que los negocios no quebraran, muy a pesar de la quiebra de demasiadas vidas de conciudadanos de carne y hueso. Pero además, ¿Acaso no existen representantes directos de los gremios gobernando?

Tal vez por eso el señor alcalde, quizás atendiendo un profundo llamado de su egolatría, encuentra necesario aclarar que el alcalde es él y no los dirigentes a quienes condenó a la ingratitud ciudadana. En todo caso, lo que se cumple y se hace es lo que ordenan los gremios y las élites locales, pese a los berrinches del primer magistrado de nuestra estoica ciudad.

En fin, es entendible la coexistencia de intereses al interior de cuerpo social, lo que es definitivamente deplorable, es el deleznable nivel de la deliberación pública, mientras los asuntos neurálgicos que es preciso abordar para salir del actual estancamiento, son relegados al cuarto de San Alejo. 

Es mejor reírse de este sainete, para evitar el llanto. Ya tenemos demasiado con la dramática tragedia de la pandemia que deja más de un millar de conciudadanos muertos, sin contar los contagiados fallecidos y no reportados.

De cualquier manera, quien revise la historia reciente de la ciudad encontrará que declarar personas no gratas es como el juego del bate de tapitas, un deporte nacional en nuestra entrañable parroquia.

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