Por Danilo Contreras

Esta historia no es nueva, pero crece y se consolida en el tiempo como una especie de fusión entre una inmensa masa crítica urbana con el líder que le ofrece razones para la esperanza.

He sido testigo de excepción junto con mi esposa, que no me deja faltar, de las manifestaciones de Petro en Cartagena, en especial las celebradas durante la presente campaña presidencial; la primera en un atardecer de simbolismos y africanías en La Boquilla y dos más en la explanada del Coliseo de Combate, convertida en ágora de la democracia por este hombre que se perfila como presidente de Colombia. Por ese conocimiento y vivencia fidedigna puedo testificar que cada vez son más los cartageneros y cartageneras que se congregan por miles para constituir multitudes capaces de ayudar desde esta tierra histórica al cambio que reclama la nación.

En esta ocasión los asistentes no solo colmaron los parqueaderos del Coliseo de Combate, sino que se agolparon también en la vía y contra las paredes del outfield del legendario Estadio 11 de noviembre, hoy Estadio Abel Leal. Las imágenes que desde anoche circularon en redes y las que apreciamos los asistentes son impresionantes.

Hay un par de datos que no me parecen menores: El primero es la cantidad de vehículos particulares que atiborraron los parqueaderos contiguos de la Plaza de Toros y el estadio de beisbol, de lo cual colegí que muchos cartageneros profesionales, independientes, empleados y trabajadores se han movilizado alrededor de esta causa. Fueron por sus propios medios. El otro fue la presencia de mujeres trabajadoras de Supertiendas Olímpica que aún con el uniforme rojo de la empresa puesto, se sumaron a las multitudes jóvenes, mujeres, sindicatos, mototaxistas convocados.

La conciudadanía erizada de banderas y colores empezó su arribo alrededor de las 3 de la tarde y esperó paciente el discurso del candidato que inicio con la caída del sol. Pero el entusiasmo y la energía compartida alcanzo hasta el final de la intervención del orador.

Petro ha ratificado una vez más, como lo viene haciendo en la plaza pública desde la campaña de 2.018, su compromiso con Cartagena y la región bolivarense, pues conoce con los datos precisos de quien ha leído documentos de diagnósticos y ha recorrido el territorio, en que consisten los reclamos de nuestro pueblo.

En su discurso Petro hace una radiografía de los grandes problemas cartageneros que tienen que ver con la exclusión, la pobreza y el hambre que padece el pueblo en indignante mayoría, y los relaciona con el diseño del ordenamiento territorial y el gran desafío que significa para la ciudad la crisis climática mundial que sin duda alguna afecta principalmente a los vulnerables, a “los nadies”, dijo recordando a Francia, su compañera de fórmula.

Petro sabe que aquí, más de 25 mil familias están sometidas a riesgos de inundación por efectos del fenómeno de elevación de mareas que se vive en la ciudad, así como el 28% de la industria, el 35% de la infraestructura vial y el 86% del patrimonio histórico de la ciudad.  Y justo por esa amenaza ha comprometido a su futuro gobierno con la suerte de Cartagena para ayudarla a enfrentar esta descomunal amenaza.

En su proclama ha señalado que a muchas de esas miles de familias en riesgo de inundación en las zonas más pobres del perímetro urbano debe garantizárseles una reubicación hacia nuevos hábitats dignificados, pero también es preciso destacar que ese compromiso debe concebirse como la posibilidad de adaptar el territorio a los fenómenos del cambio climático, pues no puede suceder en la zona suroriental de Cartagena lo que esta ocurriendo en el norte de la ciudad en donde se levantan emporios inmobiliarios para estratos altos edificados en zonas consolidadas por los pobres que luego son expulsados sin que puedan beneficiarse de la plusvalía que generaron ancestralmente. No. Petro entiende que además de reubicaciones para los casos de mayor riesgo, la solución esta en adaptar los territorios de las orillas de la majestuosa Ciénega de la Virgen, cuya restauración ambiental debe ser un propósito inaplazable, para que las familias que han elaborado su historia allí, puedan contar un espacio renovado que cuente con saneamiento básico, con agua potable, vías y con un sistema de drenajes y canales que impidan las inundaciones recurrentes y así puedan gozar de nuevos desarrollos urbanísticos en vez de ceder sus barrios populares a los especuladores de la tierra que ya han puesto los ojos en sus predios por la belleza de lo que ellos denominan “espejo de agua”, como si la Ciénega no fuese un organismo vivo aún, en vez de materia vanidosa y muerta como los son todos los espejos.

De modo que el desarrollo prometido por Petro desde el gobierno nacional ha de ser para incluir, para empoderar y para dar acceso a la riqueza a quienes habitan hoy en las zonas marginales del suroriente. Este NO puede ser un desarrollo para el despojo que pretenden las élites locales, sino para reivindicar a las masas con oportunidades.     

Ha insistido en que el desarrollo se construye alimentando con conocimiento los cerebros de los niños y las niñas, de los jóvenes ávidos de oportunidades. Sabe bien el candidato, que las élites que concibieron la emancipación nacional en el siglo 19 se educaron en la vieja Universidad de Cartagena o en el Colegio Nacional Pinillos de Mompox y que es menester entonces que se garantice la educación pública de calidad y gratuita, hasta la universidad, para las nuevas generaciones de cartageneros y bolivarenses. Esa es la mejor manera, dijo, de concebir una sociedad rica, como debe ser la nación colombiana, por la educación.

Hubo un punto culminante en aquella reunión, cuando el orador denuncio a las mafias que nos han sometido a una nueva esclavitud que nos ha tenido marcados. La esclavitud de los compradores de votos que siempre lo hacen, o con la plata del erario público y los contratos, o con la plata de la mafia del narcotráfico. Invito a denunciar a esos nuevos esclavistas del voto, a no dejarse someter por ellos y a gritar libertad frente a su yugo y su látigo cruel. En aquel momento los asistentes, espontáneamente, levantaron las banderas y comenzaron a repetir la consigna del candidato: Libertad, libertad, libertad. En Cartagena tenemos la estirpe y la casta para reivindicar el significado profundo de esa palabra. Y lo haremos el 29 de mayo para entregar la victoria a Gustavo Petro y a Francia Márquez, en primera.

Petro dijo que, si el destino y el pueblo le concedían ser presidente de Colombia, le llamáramos “compañero presidente”.

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